Son las 7.30 AM. La radio se enciende y mientras me levanto vomita 10 cuñas publicitarias que me sirven como banda sonora para afeitarme. Camino del trabajo, un sinfín de vallas, marquesinas, monopostes, neones, relojes y otras piezas de moviliario urbano me lanzan otro puñado de mensajes. Intento concentrar mi atención en el volante, los semáforos y la voz del presentador de mi emisora preferida en la radio del coche. Subo a la ofi y enciendo el ordenador para iniciar una lucha sin cuartel con banners, pop ups y demás. Vuelvo a casa, más de lo mismo. Me siento a ver una película mientras engullo mi cena. Son las 23.00 y no dejan de interrumpirla con bloques publicitarios de 5 minutos. Me aburro y me voy a dormir.
Son las 24.00 e intento hacer memoria de cuántas marcas me han impactado hoy. Recuerdo un modelo de automóvil nuevo de Seat, la nueva peli de Almodóvar, y una lona de Camper en la Gran Vía.
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