Categorías
publicidad para olvidar

1 Patrocinio push (Vodafone) versus 1 Patrocinio pull (Clas)

Dos ejemplos que me he encontrado este verano.  Dos botones de muestra sobre cómo asociarse con un determinado evento, organismo o actividad, puede llevarnos a transferir valores positivos a la marca que patrocina, pero también a entrar como un elefante en una cacharrería donde no se nos espera.

El caso de Vodafone y Metro Sol

Me llega un mail de Change.org (una plataforma a la que estoy suscrito desde hace tiempo y que promueve la acción popular en Internet alrededor de distintas causas) con una rajada descomunal sobre el patrocinio de Vodafone en la estación madrileña de Metro Sol.  La iniciativa pretende conseguir que el patrocinio se retire, considerando que la estación forma parte del patrimonio de los madrileños.

Vodafone sol

Fíjaos la paradoja: una marca invierte en una estación de Metro utilizada a diario por miles de pasajeros consumidores potenciales de la marca, y lo que consigue a cambio es generar una fuerte corriente de desprestigio.

Es importante entender que, como ya habíamos contado en este blog, Vodafone no es la primera marca que decide invertir en tomar el nombre de la estación.  Samsung ya lo hizo el pasado año con dudosos resultados: por un lado el efecto novedad le hizo alcanzar una gran notoriedad, incluyendo un TT en Twitter.  

Sin embargo, en su momento muchos nos hicimos preguntas sobre la utilidad de este tipo de "patrocinios pasivos" donde realmente el usuario no sale beneficiado.  Quiero decir: ¿dónde está el valor que el consumidor recibe cuando pasa por allí…?  ¿En un tobogán instalado durante 15 días para metaforizar la velocidad del 4G?

¿Podríamos utilizar la experiencia (pero una experiencia realmente útil!) para cambiar la percepción sobre este patrocinio? Y es que, como apunta Fernando de Córdoba en su blog, probablemente el usuario estaría feliz si a cambio de esa presencia en la estación, Vodafone simplemente le facilitase wifi gratis…

El caso de Clas (Central Lechera Asturiana) y los puestos de vigilancia playeros

Esta foto la tomé en Cádiz, pero la pude haber tomado en la Costa da Morte donde estuve solo unos días antes.


Clas socorr
El montaje era idéntico.  Central Lechera Asturiana apoya los puestos de vigilancia en las playas suministrándoles las sillas elevadas y sombrillas a los socorristas.

Una idea muy sencilla, útil y ecológica.  Que no interrumpe, sino que encaja con el entorno en una perfecta simbiosis.

Mi conclusión

Creo que esta comparativa nos debe hacer reflexionar sobre el tipo de acciones que convienen en un campo, como el patrocinio, que está tan trilladísimo como el de la publicidad convencional.

¿Nos interesa más la visibilidad que suele garantizarnos "la opción fácil" (e.d. el golpe de talonario a cambio de la presencia en la estación de Metro más concurrida de Madrid)?

¿O quizá es mejor poner nuestra creatividad al servicio de la marca y buscar oportunidades donde la marca encaje, como si se tratase de su hábitat natural?, ¿y si al mismo tiempo ofrecemos un valor real dentro de ese hábitat?  En este caso ayudar a velar por la seguridad de los bañistas.

Saludos a todos.

Categorías
branding publicidad para olvidar

PLV para hostelería: ¿qué objeto piensas que tiene esto..?

Hace unos días voví después de muchos años al Café Dindurra, una de las cafeterías con más solera de Gijón, donde solía quedar de adolescente algunas tardes de domingo.  Lamento decir que me lo encontré convertido en un feo pastiche de marcas comerciales.

IMG_0164 Este es el mejor ejemplo: un cartel de Central Lechera Asturiana, una empresa a la que admiro por su innovación (mucha gente no sabe que se han convertido en líderes en el difícil y comoditizado mercado lácteo a base de dinamizarlo con nuevos productos y formatos). Sin embargo no les admiro tanto por su PLV. 

Veamos:

– Se supone que el target de este cartel son los clientes de la cafetería, ya que está situado en todo el comedor.  Teniendo en cuenta que cuando pido un cortado, no indico la marca de la leche que quiero que me pongan (usarán la que la cafetería compre), entiendo que el cartel no está puesto ahí para estimular el consumo.

– Asumamos que lo han colocado para concienciar al cliente de que Central Lechera Asturiana es uno de los proveedores de la cafetería, lo cual se supone que beneficiará al café Dindurra con un halo de prestigio y calidad.  Hasta ahí bien, pero ¿para qué utilizar un anodino cartel que muestra la leche de hostelería, un producto de segunda calidad que sólo se distribuye en éste canal? 

Planteo:  ¿no seria más adecuado utilizar un PLV genérico que hable a los clientes sobre la calidad de CLAS, su orígen y otros atributos y valores asociados con la marca?

Y ya que estamos: ¿no sería mejor darle una utilidad práctica al PLV?  En lugar de cubrir una pared con un mensaje publicitario convencional y predecible, ¿no podríamos colocar un material que aportase valor al cliente?, ¿un reloj?, ¿una proyector de televisión patrocinado por CLAS que apunte a esa misma pared?, ¿un mueble auxiliar para los camareros?, ¿un revistero?…

Alguno estará pensando que todos esos materiales son más caros que el cartel de la foto.  Naturalmente que sí.  Pero colocar algo simplemente porque es barato y muestra el producto, es infinitamente peor para la convivencia con la marca que no colocar nada.

Con el PLV sucede igual que con tantos otros formatos publicitarios.  Asumimos con una mentalidad setentera que poner el logo bien grande es suficiente para enamorar a los clientes.  Pues va a ser que no.  El tiempo ha pasado, el mercado se ha saturado.  Y si no eres útil ni relevante, no lograrás enamorar a tus clientes.  Dicho de otro modo, para estimular su preferencia hacia tu marca necesitas algo más poderoso que tu logo: necesitas una experiencia única.

El reto de cualquier fabricante que desee instalar un PLV en un bar o cafetería ya no es colocar su logo cuanto más grande mejor.  De hecho, es más que probable que esto sea contraproducente.  El reto es sorprender, ofreciendo un valor real al cliente.

¿Qué opináis?

Saludos irreverentes.

Categorías
innovación

La paradoja de la innovación. ¿De qué te sirve ser el primero si luego no te recuerda nadie?

Leche ona 

Comparto con vosotros una breve reflexión espoleada por una historia de la que he oído hablar en la radio mientras medio intentaba dormir la siesta.

En contra de lo que pudiéramos pensar, el primer producto lácteo comercializado en tretra brik en España no fue de Parmalat, ni de Leche Pascual, ni de Central Lechera Asturiana, ni de Puleva… 

Fue de una marca llamada Ona.  ¿Alguien se acuerda de ella?  Este anuncio que he rescatado de una hemeroteca digital data de comienzos de los 60.  Ona era propiedad de una empresa asentada en Bilbao pero dirigida por un holandés.  Apenas fabricaban 5 litros diarios en briks triangulares, ya que la maquinaria funcionaba por métodos exclusivamente mecánicos y era pesada e improductiva. 

Con el tiempo la tecnología al servicio de la industria láctea fue avanzando.  Así como los hábitos de consumo de los hogares españoles.  La desaparición de la figura del ama de casa full time en las ciudades, disparó la demanda de productos con amplios períodos de conservación.  Y sin embargo, pese a haber sido la primera en llegar, Ona no llegó a beneficiarse de este boom.

Mi historia de abuelo cebolleta de hoy demuestra dos cosas:

– que una idea innovadora vale muy poco: tan poco como el tiempo que tardan tus competidores en fusilar la tecnología aplicada

– que lo que marca la diferencia entre los innovadores que desaparecen del mapa (Ona, Yahoo, Spar, Eiger-labs…) y los followers que llevan la ejecución de la idea a las cotas de mayor excelencia (Google, Mercadona, i-pod…) es la capacidad para descifrar las necesidades cambiantes de los consumidores y seguir aportándoles valor durante años, integrándose así en su mapa mental de marcas de referencia.

La innovación no es un fin.  Ya que innovar por sí solo no conduce al éxito empresarial perdurable. 

Innovar es un medio para destacarnos continuamente entre nuestros competidores y ante los ojos de nuestros clientes, en un reto de mejora continuo que no finaliza jamás.

Saludos irreverentes.