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El incierto futuro de Orbyt/El Mundo y el modelo de negocio de los medios on-line

Leo un interesante artículo en Advertising Age que habla de los planes del mega-grupo mediático Condé Nast de recuperar los ingresos publicitarios que está dejando de ingresar en los últimos meses por medio de una estrategia de pago por visitar los contenidos de sus distintos sites.

Gq 

La tesis de Ad Age es que es erróneo pensar que la fidelidad de un lector le llevará a aceptar que un contenido que obtenía hasta ahora de modo gratuito, comience a ser de pago.  Estoy de acuerdo.  El valor que recibimos de un producto o servicio incorpora en la ecuación la variable precio.  Como vemos a continuación, a mayor precio (si las demás variables permanecen constantes), menos valor y por lo tanto menor satisfacción.

Formula valor marca

No hay nada más barato que "gratis".  Por lo tanto en el momento que empiezo a cobrar por algo que era ggrauito, el valor se desploma, sobre todo si puedo encontrar en otro sitio el contenido que busco.  Y, honestamente, en Internet se puede encontrar de todo con un poco de paciencia.

El pasado mes de Marzo, El Mundo lanzó Orbyt, su plataforma de contenidos digitales de pago.  Este negocio de nuevo cuño cuya desafortunada marca recuerda tanto a unos chicles, pretende cobrarnos 60 cts diario por acceder a contenidos ¿exclusivos? e "interactuar con sus periodistas", así como acceder a obsequios y ventajas especiales.  60 cts es demasiado.  Porque es 60 cts más caro que gratis.

Analicemos sus resultados hasta la fecha.  La versión en abierto de El Mundo -el diario on line más leído en español- cuenta con 24 millones de usuarios.  En 4 meses de actividad, Orbyt ha conseguido unos 10.000 usuarios de pago.  Algunas fuentes lo consideran un éxito.  Sin embargo, 10.000 usuarios de pago suponen unos ingresos mensuales similares a lo que el diario impreso genera en publicidad en un sólo domingo.

La historia no es nueva.  En el año 2.000 El País intentó un movimiento idéntico, clausurando el acceso libre a su diario.  Las consecuencias fueron dos:

– erosionar para siempre su base de lectores, entregando en liderazgo en bandeja a elmundo.es,

– tuvo que bajarse los pantalones y subir de nuevo la persiana.

Hasta que no me demuestren lo contrario, me parece una reedición del batacazo de El País.  Un gran esfuerzo de comunicación para que nos creamos el carácter premium de una oferta que realmente se puede conseguir gratis en otros sites. 

No lo veo al menos hasta que el i-Pad y similares se impongan como estándar de lectura portátil, igual que el MP3 se impuso al Discman y al Walkman.

La recomendación de Ad Age para los medios digitales que comienzan a ponerse nerviosos ante la desconfianza de sus anunciantes, es encantadoramente simple, pero creo que precisamente por eso, certera: innovar.

Internet juega a nuestro favor porque es posible medir la eficacia de la inversión publicitaria con un grado de fiabilidad imposible en otros medios.  ¿Por qué no aprovechar esta inmensa ventaja?  ¿Por qué no dejar atrás los vetustos banners, herederos de las vallas 8×3 y optar por…

– publicidad contextual,

– patrocinios dinámicos, como el acceso a contenidos premium previa visita/registro al site del anunciante

– pujas por el espacio publicitario en tiempo real (e.d. el modelo Google Ad Words),

– etc…

No es que la publicidad esté muerta.  Lo que está muerto es ese enfoque interesadamente inmovilista del que pretende venderla "al peso".

Por si alguien no se ha dado cuenta, estamos en crisis: la imaginación al poder.

Saludos irreverentes.

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FACEBOOK, UNA VEZ MAS, EXPULSA A QUIEN NO LE CONVIENE.

Se supone que esto de las Redes Sociales e Internet 2.0 va de espíritu colaborativo.  Juntos somos más fuertes: escribimos, nos informamos, nos adherimos a distintas iniciativas y nuestra voz, en definitiva, suena más alto gracias a la red.

Gracias a esta filosofía altruísta y fraternal, como de comuna hippie, Facebook aparece ante nosotros como una especie de koljós digital:  a diferencia de los grandes medios off-line, politizados y constreñidos por los intereses económicos, Facebook es nuestro, es de todos.

Hace poco compré Faceboom, un libro que tiene la lucidez de nadar contracorriente y cuestionarse la utilidad real de Facebook y la naturaleza pueril de nuestro comportamiento on-line.  Pues bien, a los pocos días de salir el libro, Facebook cortó las páginas del autor y sus fans.  Lo cual nos informa a un tiempo de que:

a) Facebook no es de todos sino de los dueños de Facebook.  O sea es un negocio puntocom más.  Y por lo tanto está orientado al beneficio y tiene una reputación corporativa que proteger.  Fuera caretas.

b) Lo del espíritu colaborativo lo entendimos mal: realmente Facebook es colaborativo salvo que la colaboración no le convenga. 😉

Aquí tenéis un vídeo que resume lo sucedido: cómo les cortan las páginas, cómo ante el revuelo que se monta las vuelven a poner on line y claro, en lugar de silenciar el efecto del libro, lo multiplican exponencialmente.  Es lo que los americanos llaman "efecto Streisand" y yo "efecto hijas de ZP". 

Por cierto, hoy me entero en Menéame que también se han cargado el Facebook de un grupo de trabajadores agraviados de Mercadona.  Parece que esto de que Facebook le retire el altavoz al primero que le importune se está convirtiendo en un hábito.  Tendré que andarme con cuidado…

Viva la libertad en Facebook. 

Y lo siento por lo e-hippies pero todas las Redes Sociales son un negocio, igual que El País, La Cope o la Sexta.  Como decía la canción de los Smiths: "love, peace and harmony, very nice, very nice, but maybe in the next world…".