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¿QUIEN ME EXPLICA EL EXITO DE «QUIEN SE HA LLEVADO MI QUESO»?

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Supongo que habéis leído el libro o por lo menos habéis oído hablar de él.  Es la historia de 2 ratones y dos hombrecillos con distintas actitudes ante la búsqueda de alimento (queso) en un laberinto.  Los 2 ratones son flexibles y entusiastas en la búsqueda uno de los hombrecillos sigue su ejemplo y el segundo es un apalancao.  Ya está… 

Pero de verdad, ya está.

Hacía tiempo que alguien me lo había recomendado y por fin lo he leído.  Me ha parecido:

Inspirador:  es fácil emocionarse con la propuesta.  Reírse de uno mismo + perder el miedo al futuro = ruta hacia el éxito.

Corto:  esta mañana lo leí de un tirón en el vuelo La Coruña-Madrid (el trayecto dura menos de una hora).

Estereotípico: es fácil verse reflejado en alguno de los 2 hombrecillos (o ver al de a lado en ellos).  Lo cual es un elemento de especial utilidad en Literatura:  ¿a quién no le gusta verse reflejado en lo que lee?  ¿Quién no se ha sorprendido alguna vez leyendo un pensamiento/sentimiento propio que nunca habíamos logrado describir?

Rematadamente simple: es imposible no entenderlo, de hecho es TAN simple que daría vergüenza no terminarlo.

Es el mejor ejemplo de un libro multipropósito, dado que puede metaforizar el cambio, las fobias y los temores, el dinamismo del mundo de los negocios, el liderazgo y hasta ha servido como libro infantil de autoayuda.  Vamos, que vale casi de todo, menos de libro de cocina.  De hecho, aunque el libro se asocie con el mundo empresarial, su autor Spencer Johnson no es un empresario de éxito ni un experto en Coaching, sino un médico y psicólogo.

Bueno, hecha la introducción paso a la carga, sin ambages: no creo que su simpleza sea una simple fachada que esconda una gran lección detrás.  Es que es EL LIBRO MÁS SIMPLE QUE HE LEÍDO EN MI VIDA.   Punto.

Me pregunto entonces cómo entender su éxito (ha vendido más de 25 millones de copias en todo el mundo).  Y pienso que el éxito tiene un componente de impredecibilidad notable. 

En este punto me acuerdo de The tipping point, de Malcolm Gladwell.  No he leído a nadie tratar con tanta lucidez el concepto de masa crítica, ese punto de inflexión donde un libro, una idea o una canción pasan de ser conocidas por unos cientos de personas a serlo por millones.

The tipping point sí me parece un libro interesantísimo.  Pero no ofrece ninguna fórmula secreta para reproducir el éxito.  Porque tal fórmula no existe.

Sí, lo sé:  claridad, simplicidad, coherencia, consistencia, relevancia, controversia, son caminos que nos vienen a la mente a todos. 

Pero, ¿quién no los ha transitado mucho, en una agencia de publicidad, en un negocio, en un grupo de música… sin llegar a ver el punto de inflexión?

 

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branding publicidad para olvidar

«YO CREIA» DE MAPFRE. O como tirar el posicionamiento a la basura.

Hola, soy la marca Mapfre y esta es mi graciocísima nueva campaña:

Argumento A:  Mapfre no es tan caro como piensas.  O sea, hasta ahora Mapfre era el líder: el que más oficinas y mejor atención te podía ofrecer.  Olvida todo eso.  Ahora somos baratos. 

Argumento B: Mapfre te hace reír.  O sea, que hasta ahora Mapfre era confianza, liderazgo, profesionalidad, respuesta.  Ahora somos simplemente tan cachondos como nuestra competencia:

Repito, tan cachondos como nuestra competencia:

Conclusión:   posiblemente acuciado por la deserción de clientes a productos más baratos (típica en todas las categorías en tiempos de crisis), Mapfre determina que la moda en publicidad de seguros es ser barato y cachondo.  O sea, el más gracioso se lleva a los clientes.

Adiós al liderazgo, adiós al valor añadido de ser el primero, adiós a las percepciones premium, adiós a las justificaciones para un sobreprecio. 

¿Es que nadie se da cuenta de que si alguien no quiere pagar tanto por nuestro producto, la mejor opción es darle más por el mismo precio, no menos por un precio que no nos corresponde como marca?

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branding publicidad para olvidar

Aunque Iberdrola se vista de seda…

Paso haciendo un poco de running junto al cochambroso edificio de Iberdrola a orillas del Manzanares y recuerdo el artículo donde la eléctrica española aparecía en Davos como una de las 100 empresas más sostenibles del mundo.  Me pregunto el criterio.

Cierto que es el líder mundial en producción de energía eólica.  Cierto que lo utiliza como principal argumento de comunicación.

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Pero también es cierto que todos sus grandes competidores internacionales apuestan por la mayor rentabilidad de la energía nuclear.  Y que su comunicación es una imagen edulcorada de una relación con el cliente propia del siglo XIX.

Me pregunto si la sostenibilidad de una empresa no debiera evaluarse también por el respeto a su ecosistema -en sus sentido más amplio y social- al cual pertenecen también los clientes.  Si añadimos los clientes a la ecuación la situación cambia mucho.

Os invito a personaros en una oficina de Iberdrola a hacer una gestión.  Es lo más parecido a un ministerio a lo Alfredo Landa:  pobres jubilados que protestan por un cargo erróneo, colas interminables, malas formas con los clientes…

Os invito también a intentar que os atiendan en su 902.  Que os coja el teléfono la persona apropiada es un logro, que entienda a la primera lo que queréis es suerte, y que sea capaz de transmitirte un mínimo de seguridad respecto a la resolucion del problema es un milagro.  Hace unos años me cobraron ¡4.000 euros de más! en la factura eléctrica de un negocio.  Tardaron casi un año en resolverlo.

Ok, estoy generalizando.

Pero la publicidad también generaliza.   Y al hacerlo no concuerda con la imagen de marca que se desprende de su ínfimo nivel de atención al cliente, telefónica, y de la presencia de sus oficinas.  Este gap de imagen nos muestra a una marca esquizofrénica con la que dudo que muchos clientes deseasen relacionarse en el supuesto de que tuviesen la oportunidad real de escoger su empresa de suministro.

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desarrollo personal

LA DECEPCION DEL HOMBRE MODERNO ES CREERSE UNICO Y DESCUBRIRSE CORRIENTE

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Me encuentro esta afirmación en uno de los foros de leadingnewthinking de MPG.  Os recomiendo suscribiros, me sorprende positivamente con bastante frecuencia.

No puedo estar más de acuerdo en el titular:  todos aspiramos a ser exitosos y trascender.   Las dos escalas superiores de la famosa pirámide de Maslow son Reconocimiento (de los otros) y Auto-realización (satisfacción interior, también relacionada con el hecho de ser especiales en nuestro entorno).

Si la decepción es la sintomatología, ¿cuál es la enfermedad?.  Apunto varias:

· SINDROME DEL KOLJÓS:   con las low cost las diferencias de clase tienden a desaparecer: todo el mundo tiene un megatelevisor de plasma cubriendo media pared del salón.  Todo el mundo tiene un monovolumen para meter a los nenes.  Todo el mundo puede escaparse a Londres  en un puente.  Necesito ser diferente, pero las marcas ya no me ayudan tanto como antes…

· SINDROME DE PETER PAN:  I want to be forever young, como aquella canción de Alphaville.  Pufff, qué viejo soy.

· SINDROME DE NARCISO:  la imagen personal es hoy más importante que nunca, cuando con un click cualquier desconocido puede acceder a nuestro cv, nuestro perfil de facebook o xing….  Pero si no hago más que correr en todo el día apagando fuegos… ¿cómo voy a tener tiempo para mejorar mi marca personal?

· SINDROME DE LAS ARENAS MOVEDIZAS:  no tengo un único estilo personal, puedo ser un ejecuta de camisa con iniciales bordadas en el trabajo, un corderito con pijama a cuadros en casa, y un hippijo con chupa vintage de copas.  Qué complicado.

A lo mejor lo pinto demasiado negro, pero afirmar la identidad en un mundo tan cambiante me parece un reto de narices.  ¿Qué opináis?