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Promociona tu producto vía e-mail sin molestar.

Compartir contenidos vía email es más efectivo que vía social media

Tres de cada cuatro usuarios suelen compartir contenidos con sus amigos y sus familiares, según Chadwick Martin Bailey, y las marcas están estudiando estos comportamientos muy de cerca para así poder aprovechar al máximo la influencia que tienen sus defensores. En un estudio de SocialTwist realizado en agosto se descubrió que el email es el canal más común para compartir contenidos, con un 55% del total de las referencias. En cambio, las redes sociales suponen sólo el 24%

via www.marketingdirecto.com

Esta interesante estadística que veo en MarketingDirecto.com me da pie a una reflexión sobre la viralización de contenidos desde un blog y su carácter intrusivo (o no).

Si tienes una marca o un producto que vender y quieres promocionarlo a través de la red, te doy varios consejos rápidos. No invento nada nuevo, pero sí resumo cosas imprescindibles:

– Asegúrate de que tu producto es la leche. Invierte en ello todo tu tiempo y esfuerzo.
No inviertas ese tiempo/esfuerzo en parir mensajes "creativos" sobre tu producto. Eso se hacía en los años 70 y ya no funciona: mejor cuéntalo de la manera más sencilla y directa.
– Al contarlo, desarrolla tu propia historia, que sea identificable por tu público y apropiable por ti.
– Y cuando estés contando esa historia, facilita su viralización: incluyendo el email.

Email Por supuesto que el e-mail tiene fama de intrusivo. Toda acción de comunicación realizada sin permiso lo es.  Estamos en el año 2010: los consumidores hemos aprendido a detectar e ignorar (cuando no bloquear) la publicidad no solicitada.

Pero facilitar a tu target la posibilidad de divulgar tus contenidos por email te dará todas las ventajas del email (inmediatez, posibilidad de enviar el contenido completo sin necesidad de clicks adicionales, llegar hasta "la cocina") sin sus desventajas clásicas (aversión al spam, bloqueos automáticos de correo no deseado, saturación). 

Cuando te llegue un contenido emaileado por un amigo al que le ha gustado, no lo verás como una intrusión porque un amigo siempre tiene permiso para contactarte.  Lo verás como un contenido útil recomendado por un allegado y por tanto tu interés en ese contenido aumentará radicalmente. 

No olvidemos que las recomendaciones de terceros son la fuente más valorada por los consumidores a la hora de obtener información sobre un producto o servicio.

Saludos irreverentes.

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Saca los ojos a tu cliente en cuatro sencillos pasos (¡y sin que se dé cuenta!)

Evolucion 
Capítulo 1. Cuando yo era pequeño los bancos eran unos lugares blindados, llenos de polvo y papelajos donde mi padre acudía para poner su dinero a buen recaudo.  Llevaba su salario al banco e iba disponiendo de él poco a poco durante el mes.  El banco rentabilizaba ese saldo, pero mi padre entendía que era una remuneración justa por el asesoramiento y el trato personal recibidos.  Un Pepe o una Amparo le saludaban por su nombre, le aconsejaban un depósito, o le preparaban unos travellers checks cuando me exportaban a Inglaterra en verano.  Esta tranquilidad no se remuneraba con comisiones, sólo con el hecho de depositar nuestro dinero en su banco.

Capítulo 2.  Cuando a mediados de los 90 empecé a ganar mi primer dinero, los bancos estaban empezando a lanzar sus sucursales virtuales.  ¡Guau!.  Era super moderno.  Te metías en tu cuenta con unas claves y podías consultar tu saldo, hacer transferencias…  Los bancos potenciaron a saco este nuevo canal: les interesaba aligerar las colas de las oficinas, ahorrándose así costes de personal y desviar a sus clientes a Internet o al teléfono, donde resultaba mucho más barato atenderles. Gracias a la propagación del uso de Internet, hasta un 75% de los clientes menores de 45 años dejaron de visitar sus sucursales de toda la vida.

Capítulo 3.  En 2007 llegó la crisis, y aunque nadie lo diría a juzgar por sus cuentas de resultados, los bancos decidieron combatir la morosidad y la decreciente captación de pasivo reajustando su estructura de ingresos.  En cristiano: cobrando por lo que antes no cobraban.  Por ejemplo, la banca por internet.  Habituadas a realizar sus gestiones bancarias on line, las PYMES y autónomos no tuvieron otra que pasar por el aro y empezar a pagar comisiones por lo que antes era gratis.

Capítulo 4.  El jueves 30 de septiembre del año de nuestro señor 2010 recibo este email de mi banco.   Email bankinter Al verlo distraídamente pienso: ¡parece que van a dejar de cobrarme una de estas comisiones!  Pero cuando le presto más atención, compruebo que es justo lo contrario: van a empezar a cobrarme también por la banca telefónica que tiempo atrás emplearon para alejarme de sus oficinas.  A cambio, debo darles las gracias porque me permiten hablar por teléfono gratuitamente con un robot.

Este emailing, enviado por un banco con un enfoque de Branding y una comunicación impecables, de los que siempre he hablado bien en este blog, es un ejercicio maquiavélico insuperable de cómo pueden sacarte más pasta esperando que además les des las gracias por ello.

Es el mundo al revés.  El fundamento de un intercambio entre una marca y un consumidor (y la clave de la fidelización de este último) es el equilibrio entre el valor que se aportan ambas partes.  Siempre pensé que el valor que yo aportaba al banco era la confianza de domiciliar mis ingresos en una de sus cuentas.  Gracias a ello, el banco invierte en bolsa, en activos, disfruta de un circulante con el que financiar sus operaciones…  Pues me equivoqué: cederles mi dinero no debe ser suficiente para ellos porque para poder:

  • hacer una consulta telefónica sobre mi dinero, debo pagar,
  • para tener el acceso on-line a mi cuenta, debo pagar,
  • para realizar cualquier transferencia presencial en una oficina con mi dinero, debo pagar,
  • para mantener mi cuenta corriente activa, debo pagar…

No sé si el valor que el banco me aporta a mí a cambio de toda esta ristra de comisiones está en el excelente rediseño de las sucursales que no visito.

Saludos irreverentes.

P.D. Esto no está reñido con el impecable nivel de atención al cliente que me dan en mi oficina cuando me acerco por allí de pascuas a ramos.  Pero ese es precisamente el punto: que mi vida ha cambiado y ahora que la banca telefónica e Internet existen, visitarles simplemente ya no está entre mis rutinas habituales.