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EL CLIENTE ES EL NUEVO GRAN HERMANO

Recupero -más resumido- este post que escribí hace más de un año en este mismo blog.  Se me ocurrió al ver esta simpática pintada en un centro de depilación junto a mi casa.
 

Hace años escribí mi proyecto fin de carrera sobre Calidad Total
 
La verdad es que era un coñazo.  Hablaba de conseguir, a base de prevención, minimizar el riesgo de equivocarnos al vender nuestro producto o prestar nuestro servicio, provocando así la insatisfacción en un consumidor.  Por aquel entonces (estamos hablando de los 90) se estimaba que un cliente airado rajaría su descontento a un promedio de quince personas.
  
Quince clientes potenciales que posiblemente ya nunca se acercarán a nosotros.  O peor aún, quince clientes actuales -en los que por lo tanto ya hemos invertido recursos-, que como consecuencia de la gran rajada, no volverán a comprarnos.  Recuerdo que por aquel entonces ese número de criticadores me parecía todo un gentío.
 
Pero en una entrada reciente hemos como un frikivídeo colgado en youtube puede recibir en solo 24 horas ¡un millón de visitas!  Causando que los cimientos de la marca agraviada (en este caso Domino´s Pizza) se tambaleeen.  Este es el poder que tenemos los consumidores en este momento de nuestra historia.
  
En el caso de los serivicios, el riesgo aumenta enormemente. Una lata de Nestea garantiza la misma experiencia de usuario en el 99,99% de los casos, no importa quién, dónde o cúando se consuma.
 
En servicios, sin embargo, la cosa cambia. Es en el momento de la verdad, en esos minutos críticos que pasamos en un restaurante, en un centro de estética o una clínica dental, donde nos formamos una imagen duradera sobre la marca. La reputación de ésta, recae por lo tanto en manos de múltiples variables que no siempre están bajo el control directo de su propietario: una caída del suministro eléctrico, una mala contestación del recepcionista, un descuido del personal de limpieza, y todo el castillo del servicio al cliente se desmorona…

A propósito de clientes airados, la foto de cabecera. Obsérvese la perfecta integración del mensaje con la gama de colores que usa la marca.
 
Seguro que los propietarios de este centro de depilción llevan meses, incluso años, dando lo mejor de sí mismos para aumentar su masa crítica de clientes y capear la que está cayendo.
 
Nunca sabremos si la pintada procede de un vándalo anónimo, o de un cliente airado por un momento esporádico en que el servicio no estuvo a la altura de sus expectativas.
 
Parafraseando un trozo de 1984, la novela de George Orwell, hoy casi más famosa por un programa de TV: "big brother is watching you".  Por la cuenta que te trae, si la reputación de tu marca está en tus manos, no la cagues.
 
¿Qué opináis?  Ahora que la atronadora publicidad que la tele escupía sobre nosotros parece herida de muerte, por la saturación, el desinterés y la fragmentación de audiencias, ¿es el cliente el nuevo Gran Hermano?
 
Saludos irreverentes.
 
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branding desarrollo personal

La profesión no más antigua pero sí más difícil.

Neuromarketing

Aunque jamás lo confesará en público, mi padre siempre quiso que yo estudiase Ingeniería Industrial en la escuela por delante de la cual pasé hace unos días en Gijón.

No me extraña: apuesto a que en cualquier encuesta, un ingeniero industrial saldría bastante bien parado en términos de prestigio social. Un título de ingeniería se supone que es el culmen de la ciencia al servicio de la producción. La carrera que da acceso al complejo mundo de la manufactura a gran escala.

Pero después de suspender matemáticas varias veces en el colegio a pesar de lo empollón que era, decidí que las Ciencias superaban mi nivel de incompetencia y que encontraría bastante más placer estudiando CC. de la Información.

Al final, no estudié Ingeniería ni tampoco Periodismo. Por azar terminé en esto del marketing.

Y la verdad, después de unos añitos de carrera opino que en términos de complejidad la de Marketing es la silla más incómoda sobre la que puede sentarse un directivo en una empresa.

La producción se estructura alrededor de variables técnicas, que pueden ser planificadas y previstas. Las leyes de la física, la química y la estadística permiten calcular hasta el grado de error que obligará a desechar el 0,05% de los yogures por errores de llenado…  El control de calidad, perfeccionado primero por los científicos americanos y más tarde por los japoneses, ha dejado de ser un sistema reactivo de detección del error hasta convertirse en un sistema total de prevención orientado a minimizar los desechos y equivocaciones.

Planificable, predecible… y (para mí) aburrido.

El marketing por contra trabaja con el fin de generar preferencia en la mente de los consumidores.

Espantosa palabra. Sustituyámosla por “personas”: seres imperfectos, imprevisibles, vulnerables, variables…

Pues bien, si el éxito del marketing equivale a conquistar la mente de la personas, y las personas somos seres imprevisibles, es que el marketing también lo es.

Imprevisible y (subrayo nuevamente, para mí) apasionante porque:

– Nunca se deja de aprender porque las personas siempre van por delante de las marcas que gestionamos.

– Es imposible ejercer un control absoluto sobre las personas. El tiempo se ha encargado de demostrarlo y esta nueva Internet más transparente y democráctica nos lo recuerda cada día.

– Es imposible eliminar el riesgo en las decisiones de Marketing. Como mucho podemos reducirlo a base de reunir información de primera y tamizarla con nuestra expriencia.

– No siempre gana el más grande, el más alto, el más fuerte, sino el más diferente y relevante. E.d. conforme a lo que la profesión entendía durante el pasado siglo, si tu producto es una escoria, invertir diez millones de euros en publicidad no va a hacer que ningún cliente se enamore de él.

En fin, el que no se consuela con su profesión es porque no quiere.

Saludos irreverentes.