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¿Innovación= tecnología? No. Innovar = satisfacer necesidades humanas mejor que la competencia.

Preparando una clase sobre innovación para Iart, repaso un artículo que me había guardado sobre I+D.

Se trata de un extracto del libro The innovation manual, de David Mingley.  Mingley explica que cuando la innovación se relacionaba únicamente con productos, a las compañías les era fácil manejarla. El ingeniero desarrollaba un nuevo producto y se lo pasaba a los de marketing, que se encargaban de venderlo.

Pero hoy día la tecnología está universalizada.  Diferenciarse en el plano de lo tecnológico es prácticamente imposible.  Innovar es mucho más difícil porque la innovación abarca múltiples campos en la empresa.  Ejemplos:

•Ahorro en costes por optimización de compras o procesos.  Ikea es más barato porque los muebles los montamos los clientes.

•Ahorro en costes por racionalización de surtido o referencias.  Hace poco mi amigo Jesús Encinar nos comentaba en una sesión formativa a la que le invité, que durante su etapa en Wolf Ollins, a menudo sugerían a los clientes que se cargasen la mayor parte de sus referencias.  Por consistencia, por simplificar el mensaje, y también por eliminar productos no rentables.

•Mejoras en el packaging que hagan la experiencia de consumo más satisfactoria.  Pensad en como ha cambiado la categoría de desodorantes en los últimos años.

•Mayor duración: Amstel acaba de lanzar una campaña de publicidad sobre una lata ¡con un 14% más de producto!  Alguien dirá que no es una idea original.  ¿Y qué?  Encaja a la perfección tanto con el posicionamiento de la marca ("sabemos lo que nos gusta") como con la actual batalla de precios en el sector.

•Mayor grado de información al consumidor: mayor visibilidad y claridad sobre los beneficios del producto.  Clarificar y facilitar la experiencia de compra y uso es jugar a caballo ganador.  El grupo Eroski ofrece todo tipo de información sobre salud, hogar, educación y medio ambiente.

•Nuevas formas de distribución que acerquen el producto al consumidor.  Los 4 millones y medio de usuarios registrados de Buyvip han hecho callar a todos los que pensaban que los artículos de moda (por los problemas de tallas y seguridad en el pago con tarjeta de crédito) jamás se venderían en Internet.

•Nuevas formas de comunicación que permitan al producto ascender en nuestra escala de preferencia.  Un buen ejemplo es esta promo de Innocent, una bebida ecológica.

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•Formas de personalización que aumenten la intensidad de la relación entre la marca y el consumidor.  NikeID te permite diseñar y comprar tus propias zapatillas de deporte personalizadas. Harley Davidson te permite customizar tu moto al mínimo detalle.

Como vemos, la innovación abarca funciones tan dispares en la organización como la estrategia, la gestión del cambio organizacional, la investigación de mercados y la comunicación.

Por lo tanto sugeriría a los gobernantes que llamen a las cosas por su nombre.  Necesitamos invertir en innovación.  Urgentemente.  Pero el camino no es, al menos no exclusivamente, subvencionar las inversiones en tecnología.  Porque es lo único que escucho cuando oigo a un político hablar sobre innovación.  Pero habitualmente no mencionan la educación/formación ni estimular el uso de Internet, que en nuestro país está en los niveles más bajos de Europa.

La innovación no consiste en llamar a los ingenieros sino borrar de nuestra mente todo lo que hemos llegado a aprender sobre el mercado en el que trabajamos y ponernos en la piel de nuestros clientes preguntándonos qué podemos ofrecerles para ganarnos su fidelidad para siempre.

[Casi nada, ya lo sé…]

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BRANDING = APRENDIZAJE. COMO MAXIMIZAR EL RECUERDO DE MARCA?

El mundo en el que vivimos es una permanente carrera por experimentar.  Por vivirlo todo: más alto, más fuerte, más intensamente… y si es posible aquí y ahora.  Hace poco leí un artículo interesantísimo sobre este fenómeno que sus autores bautizaban como Nowism.

Aplicando esta idea al mundo de las marcas:

Los servicios son experiencias que vivimos:  cada visita al dentista es diferente a la anterior, en mi bar de copas preferido nunca hay exactamente el mismo ambiente, cuando me doy un masaje para descontracturar la espalda nunca me siento igual al salir…

Los productos también son experiencias: los habitantes de los países desarrollados hemos satisfecho nuestras necesidades básicas y aspiramos a satisfacer otras de grado superior, relacionadas con la autorealización y los planos emocionales.  No bebo J&B por su sabor sino porque su imagen concuerda con mi manera de entender la noche y la fiesta. No compro el traje de mi boda en Armani porque me quede incomparablemente mejor que otro traje 500 euros más barato, sino porque es EL DÍA más apropiado para comprar Armani.  No monto una Harley porque corra más sino porque significa conducir en total libertad…

Ya me gustaría a mí montar un Harley.

Realmente somos mucho más que consumidores, somos experimentadores.  Por eso resulta paradójico que los anunciantes sigan -o sigamos- empeñados en utilizar formas inapropiadas para transmitir experiencias.

El cono de la experiencia del pedagogo americano Edgar Dale sirve para construir este argumento. Los humanos:

Somos capaces de recordar una mínima parte de lo que leemos (por eso no me acuerdo de los Reyes Godos ni de los afluentes del Tajo – lo memoricé pero no lo viví).

Somos capaces de recordar un parte mayor de aquellas imagenes fijas que vemos o sonidos que escuchamos (recuerdo algunas canciones de Torrebruno aunque fue hace mucho tiempo).

- Y recordamos una parte importante del contenido audiovisual que vemos (¿quíen no recuerda a Michael J Fox en Regreso al futuro o a un imberbe Harrison Ford en La Guerra de las Galaxias?)

– Pero lo que más recordamos con diferencia es aquello que vivimos, aquello que experimentamos directamente (partidos de basket en el colegio, un viaje fin de curso, mi año haciendo COU en Estados Unidos…, mi primer ejem…).

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¿Puede un spot transmitir la exclusividad de ser invitado a un concierto privado de nuestro grupo favorito?, ¿puede una página de revistas arrancarnos una sonrisa felicitandonos nuestro cumpleaños con un regalo original?, ¿puede una cuña de radio agregar valor a nuestras vidas?

Opino que no.

¿Es inteligente seguir considerando a los clientes como "audiencia" (una especie de magma uniforme e inerte cuya atención se compra por kilos en las centrales de medios)?, ¿podemos seguir asignándoles un rol pasivo en la relación con nuestra marca marca?… o acaso no sería preferible invitarles a participar, dado que de ello se derivarán índices más altos de recuerdo y preferencia.

La publicidad es una versión deliberadamente engolada de la oferta de un anunciante, que nos llega desde los medios en distintos formatos. 

Por el contrario, la experiencia implica un contacto personal con la marca, con la que podemos interactuar y por lo tanto -si nos creemos el cono de Dale-, la vamos a recordar con más intensidad.

Saludos irreverentes.