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Música y marcas: claves de la convergencia

Hace ya dos años escribí un artículo después de leer el excelente "Madison & Vine" de Scott Donatton (a propósito: próximo Presidente del jurado de Branded Content en Cannes).  Hoy he decidido actualizarlo y compartir el resultado con vosotros.

Madison & Vine

Acabo de terminar de leer "Madison & Vine: why the entertainment and advertising industries must converge to survive", un libro escrito por el colaborador de Advertising Age Scott Donaton.

Madison vine 
En la portada, dos rótulos de señalización urbana inequívocamente americanos señalan las avenidas Madison (donde se concentra la mayor parte de las grandes agencias de publicidad neoyorkinas) y Vine (epicentro de los grandes estudios de Hollywood, en el estado de California).

Las marcas necesitan a los artistas

Esa propuesta de colaboración entre las industrias del entretenimiento y la publicidad que está implícita en el título me interesó desde que me encontré el libro curioseando en Amazon.  Las marcas necesitan a los artistas.  Imperiosamente.

Cualquier marca mataría por contar con una legión de seguidores fieles como los de Amaral, Ilegales, Pignoise, Loquillo, Sidonie, Ariel Rot, El Pescao, Huecco, Cristina Rosenvinge… por solo citar algunos de los artistas con los que hemos trabajando en Pop up música en estos últimos años.  Porque disfrutan de una credibilidad y una aspiracionalidad que el 99% de las marcas no tienen.  Pero que necesitan conseguir urgentemente en un mundo hipersaturado de mensajes publicitarios huecos, irrelevantes e idénticos.

Desde que me metí en esto acompañado por mi socio y amigo Roberto Nicieza, hemos apostado con cabezonería por un enfoque diametralmente opuesto al de las discográficasRoberto nos aporta sus 15 años de batallear primero por los escenarios de España como batería de Australian Blonde, y posteriormente como alma máter del sello indie Astro Discos.  En mi lado están otros 15 años de experiencia, en esta ocasión haciendo esos anuncios que ya nadie quiere ver (en agencias como Leo Burnett o Grey y anunciantes como Nivea o Imperial Tobacco) y mi especialidad en el campo de los contenidos de marca.

Aprendemos cosas nuevas todos los días porque para nuestro trabajo no existen manuales que nos muestren la dirección.  Para hacerlo más difícil, encontramos notables resistencias (desde fuera e incluso desde dentro de la propia industria) a transformarla.  

Respetar al artista para dar servicio a las marcas

Creemos en una fórmula que nadie más parece aplicar, no sé si porque los demás no saben o porque no quieren.  Una fórmula muy sencilla que se resume en una sola palabra: respeto.

  • Respeto por encima de todo al tiempo y la privacidad de los fans: son ellos los que pagan las entradas de los conciertos, las descargas y las tarifas planas de streaming.  Por tanto nuestro trabajo consiste en darles lo que buscan (un contenido excelente en el formato, contexto y dispositivo en el que deseen consumirlo) acercándoles lo más posible por medio de la interacción digital a los artistas que más les gustan.  Por eso hablamos de fans y no de audiencia.
  • Respeto, en segundo lugar, a esa legítima ambición del artista (que no lo olvidemos, es quien crea el valor en este proceso) de continuar viviendo holgadamente de su música.  Por eso cuando hablamos de artistas pensamos en ellos como clientes.  Ya que nuestro trabajo es un servicio orientado a potenciar su alcance y maximizar sus ingresos
  • Y respeto, en tercer lugar, a la inversión de las marcas comerciales que apuestan por la música.  Solo a base de transparencia y precios justos (ni más ni menos que lo razonable) conseguiremos ganarnos la confianza de los anunciantes y desarrollar este sector de los contenidos de marca.  La tecnología digital y las economías de escala en distribución de contenidos permiten desarrollar proyectos con CPI´s buenísimos.  

Jaguar: un excelente ejemplo donde música y marcas se dan la mano

En alguna ocasión os he contado case studies propios.  Hoy quiero compartir con vosotros un ejemplo ajeno, que aparece en el libro Madison & Vine.  Se trata de"Desert Rose", uno de los singles más conocidos de Sting y el que le permitió cerrar un ventajoso acuerdo con el fabricante de automóviles Jaguar. 

Sting autorizó a Jaguar a co-producir su videoclip y utilizarlo a posteriori como publicidad para su marca, respetando tal cual la historia y evitando la sobreexposición comercial de Jaguar.  ¿Para qué mostrar un logo a dolor cuando el resto del metraje comunica plenamente los valores de tu marca y además, cada vez que suene esa canción en la radio o se vea ese clip en TV, Jaguar está sumando impactos a su campaña? 

A cambio Sting consiguió el respaldo económico de Jaguar para el lanzamiento de su disco.

  

¿Por qué no hay más marcas que hagan lo que Jaguar?

Estaréis pensando que existen muy pocos ejemplos de colaboraciones estratégicas como la de Jaguar y Sting.  Y os doy la razón.  Por cuatro motivos:

  • Los anunciantes, que parecen tener recursos como para tirar a la basura cientos de miles de euros en spots (contenidos "push" que los clientes detectan y esquivan), no parecen estar predispuestos todavía a invertir tan alegremente en la producción de contenidos "pull" con la ayuda de empresas especializadas en entretenimiento (música, cine, TV, videogaming…),
  • Las agencias de publicidad prefieren morir (de hecho, muchas ya están medio muertas…) a que terceros como las productoras, agencias de medios y empresas como nosotros se acerquen a sus clientes con sus propuestas de contenido.
  • En el sector musical no existen profesionales con experiencia en Branding, capaces de tomar un briefing de un anunciante y utilizarlo para producir un contenido que refleje el ADN de su marca.  Existen comercialesansiosos por encasquetar "su artista" y "su contenido" a una marca, aunque pueda sentarle peor que a un Cristo dos pistolas.
  • Los medios tradicionales tampoco muestran demasiado interés.  Y puedo entenderlo: están ocupuados protegiendo sus ingresos publicitarios.  No parecen entender que sin un nuevo enfoque de publicidad "útil", estos ingresos irán decreciendo hasta desaparecer.

Estamos ante un trabajo difícil.  Pero ilusionante.  Nos cuesta mucho conseguir tener a los anunciantes delante y más aún derribar sus escepticismos.  Cerrar acciones puntuales es complicado.  Y establecer acuerdos de colaboración permanente es casi ciencia ficción.

Seguiremos insistiendo.  Porque las marcas necesitan historias que contar, historias entretenidas e interesantes que el consumidor quiera ver, como el videoclip de Sting.  Y la industria musical necesita del apoyo financiero y el músculo de comunicación de las marcas.

¿Cuándo perderemos definitivamente el miedo y estableceremos un hilo directo de comunicación?

 

Otras entradas sobre música:

Moby: un ejemplo para marcas sin contenido

Bankinter se apoya en un músico para construir su marca

Radiohead fomenta: ¿la piratería digital?

Chupa Chups y Dani Martín: el artista musical como contenido de marca

Qué pasa cuando una banda de rock se entrega a su público

 

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La música y las marcas: de la convergencia a la supervivencia

Madison & Vine

Acabo de terminar de leer "Madison & Vine: why the entertainment and advertising industries must converge to survive", un libro escrito por el colaborador de Advertising Age Scott Donaton.

Madison vine
En la portada, dos rótulos de señalización urbana inequívocamente americanos señalan las avenidas Madison (donde se concentra la mayor parte de las grandes agencias de publicidad neoyorkinas) y Vine (epicentro de los grandes estudios de Hollywood, en el estado de California).

Pop Up Música

Esa propuesta de colaboración entre las industrias del entretenimiento y la publicidad que está implícita en el título me interesó desde que me encontré el libro curioseando en Amazon.

Como os he contado alguna vez, desde hace casi dos años estoy embarcado junto con Roberto Nicieza, mi socio, en el desarrollo de una empresa musical, Pop Up Música, con un enfoque diametralmente opuesto al de las discográficas de siempre.  Por eso le llamo empresa musical y no discográfica.

Aprendemos cosas nuevas todos los días porque el camino es completamente nuevo, las antiguas rutas no sirven. No existen manuales escritos que nos muestren la dirección.  Para hacerlo más difícil, encontramos notables resistencias (desde fuera e incluso desde dentro de la propia industria) a transformarla.  En versión resumida, nuestros retos son dos:

  • demostrar que somos capaces de llevar a buen puerto las carreras de nuestros artistas (creemos ciegamente que un músico puede y debe vivir de su música aunque el CD haya muerto),
  • conseguirlo generando obviamente una rentabilidad por el camino.  No somos una ONG.

Para ello creemos en una fórmula que nadie más parece aplicar, no sé si porque no saben o porque no quieren.

Entendemos el trabajo con los grupos en clave de marca (vendemos música pero también valores), desarrollamos comunidades de fans compartiendo el contenido con una paciencia de amanuenses (no existen fórmulas mágicas para darse a conocer, sólo la dedicación intensa) e intentamos monetizar ese trabajo desarrollando fuentes de ingresos como el streaming y la venta digital, el directo y los patrocinios.

Es en este último campo donde el libro me ha dado que pensar.

La música y las marcas se dan la mano

A diferencia del cine y la TV que viven un período nervioso pero todavía ven números negros en sus cuentas, el sector musical ha sufrido ya un seísmo brutal, con el desplome en los últimos 10 años del 80% su principal fuente de ingresos: el CD.  Hace unos días un buen amigo me contaba el caso de Kodak, una marca identificada con la fotografía analógica, que de la noche a la mañana desapareció para siempre.  Pero los ejecutivos de Kodak no se paralizaron, ni centraron sus esfuerzos en demandar a los usuarios del nuevo mercado digital (como en el caso de la música, más grande, pujante y lleno de ventajas para la experiencia de uso).  En lugar de eso centraron sus esfuerzos en innovar para asegurar su viabilidad futura: apostaron por las cámaras y el revelado digital y por las impresoras inkjet.

Nosotros, desde el ámbito de ser una pequeña empresa en España, intentamos hacer lo mismo en la música.

No es que la innovación sea aconsejable, es que es el único camino posible. El libro relata el caso de "Desert Rose" uno de los singles más conocidos de Sting y el que le permitió cerrar un ventajoso acuerdo con el fabricante de automóviles Jaguar.  Sting autorizó a Jaguar a utilizar una versión de 60 segundos de este videoclip como publicidad para su marca, respetando tal cual la historia y evitando la sobreexposición comercial de Jaguar.  A cambio Sting consiguió el respaldo económico de Jaguar para el lanzamiento de su disco.

 

Estaréis pensando que nadie con menos notoriedad que Sting podría llamar exitosamente a la puerta de un anunciante como Jaguar.

Y en parte es verdad por tres razones:

  • los anunciantes, que tienen tiempo para tirar a la basura cientos de miles de euros en spots genéricos, predecibles e irrelevantes (contenidos "push" que los clientes detectan y esquivan), no parecen tenerlo para descubrir contenidos de tipo "pull" con la ayuda de empresas especializadas en entretenimiento (música, cine, TV, videogaming…),
  • las agencias de publicidad prefieren morir (de hecho, muchas ya están medio muertas…) a que terceros como las productoras, los representantes de los artistas, empresas como Pop Up o los propios medios, se acerquen a sus clientes con sus propuestas de contenido,
  • las agencias de medios, que como eslabón entre éstos y los anunciantes son de lejos las que mejor entienden el momento actual, todavía tienen mucho trabajo que hacer para ganarse la credibilidad como partners estratégicos de los anunciantes.  De momento la mayoría les siguen viendo como meros compradores de anuncios.

Es obvio: estamos ante un trabajo difícil.  Pero ilusionante.  Nos cuesta mucho conseguir tener a los anunciantes delante y más aún derribar sus escepticismos.  Cerrar acciones puntuales es complicado: en este momento (cruzo los dedos), estamos intentando cerrar un acuerdo de intercambio de contenidos por apoyo publicitario para uno de nuestros grupos.  Pero establecer acuerdos de colaboración permanente por el momento es pura ciencia ficción.

Creemos en esta idea de colaboración entre las marcas y los artistas (la música es el contenido más relevante que existe para los targets más jóvenes) porque esconde potentes sinergias para ambos.  Las marcas necesitan historias que contar, historias entretenidas e interesantes que el consumidor quiera ver, como el videoclip de Sting.  Y la industria de los contenidos necesita del apoyo financiero de las marcas.

¿Cuándo perderemos definitivamente el miedo y estableceremos un hilo directo de comunicación?


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