Categorías
publicidad para olvidar

Burger King: invertir cientos de miles de euros en un pedazo de queso

La publicidad…

Esta es la última campaña promocional de Burger King que habréis visto recientemente en la tele.

 

Más allá de que vendan muchas hamburguesas como esta, la responsabilidad más grande que los marketinianos de Burger King tienen entre sus manos es gestionar con tacto el valor de marca, que es realmente lo que les distingue o les debe distinguir de su principal competidor, que todos sabemos cuál es.

No veo nada malo en utilizar este tipo de campañas para dinamizar a su base de clientes y lanzar novedades que generen tráfico a tienda. Además, el mero hecho de comprobar que la marca se mueve y desarrolla su abanico de productos, me parece una buena iniciativa.

…y el producto que me prometen en esa publicidad

Lo que no me ha gustado tanto es el gap entre la promesa proyectada en el anuncio y la realidad del producto que me han servido en el restaurante.

Aquí tenéis una foto (perdón por la calidad, hace tiempo que debí jubilar mi Smartphone, pero estamos en crisis…). Esa microscópica porción de queso es el argumento sobre el que Burger King sostiene una inversión publicitaria de cientos de miles de euros.

Burger

Un producto irrelevante no puede ser una excusa para invertir en publicidad

No lo entiendo.

Yo pensaba que la publicidad se había inventado para comunicar las ventajas diferenciales de los productos: ¡eh tú, que sepas que he lanzado este nuevo producto está de muerte, así que la próxima vez que consideres ir a una hamburguesería, ven aquí porque te encantará!  Pero que el producto era el encargado de deleitar al cliente cumpliendo sus expectativas.

Daría la sensación de que aquí el producto no es más que una excusa para tener algo que contar en un anuncio.

La publicidad jamás puede ser un sustituto para un producto excelente.

Pues no.

La publicidad sólo sirve para algo si la expectación que puede llegar a generar se ve acompañada de una aportación de valor brutal cuando me planto en el restaurante.

Para todos los que seguís pensando que el Marketing consiste en lanzar mensajes puertas a fuera del restaurante destinados a que la gente entre dentro, permitidme que os dé mi opinión: el Marketing hoy día es justo lo contrario: gestionar el valor que damos al cliente puertas adentro (porque es dentro del restaurante donde el cliente realmente se relaciona intensamente con la marca).

Dentro del restaurante entra en juego una ecuación de importancia crucial:

  • Por un lado está el dinero que pago por la hamburguesa.
  • Y por otro, el valor que recibo: que esté buena, que me sorprenda, que mi visita se convierta en un momento de ocio agradable con mi familia…

Para que yo vuelva a ese restaurante, el valor que recibo debe ser igual o superior al precio que pago.

La fidelidad no puede sustentarse en promesas, sino en realidades.

En caso contrario, la marca me defrauda (es lo que los psicólogos llaman disonancia cognitiva).

Y lo peor de todo es que la publicidad ha conseguido el efecto contrario al deseado: he ido al restaurante esperando encontrarme una hamburguesa del diez y me he encontrado una lámina de queso que me ha parecido (como dicen en mi pueblo) una coña marinera.

Dicho lo cual, relativicemos: todo tiene la importancia que tiene.

No salí de allí llorando, ni siquiera protesté en la barra, sólo saqué esa foto y me olvidé del asunto hasta hoy. Está claro que es sólo una hamburguesa, no un automóvil de 60.000 euros que se me ha gripado nada más sacarlo del concesionario. Pero lo sucedido ha quedado almacenado, en alguna neurona etiquetada "posicionamiento de Burger King". Y no ahora, pero sí en la próxima oportunidad de consumo (e.d. la próxima vez que Alejandra y Carmen me asalten un sábado por la tarde gritando ¡burguer, burguer!) revisaré mi escala de preferencia antes de decidir dónde cenamos.

Así funcionan las cosas señores publicitarios. Lo siento, pero no me lo he inventado yo: el consumidor, los medios y la tecnología han cambiado. 

Las marcas deben hacerlo también.

Categorías
branding

Tu marca es la experiencia de tus clientes

Tu  marca es tu valor principal en un mercado hiper-comoditizado

Seguro que todos conocéis la famosa pirámide de Maslow.  La habréis visto cansinamente en los temarios si es que habéis estudiado Empresariales, Ciencias de la Información, Marketing o Publicidad.  Y si vuestra profesión va por otros derroteros, al menos os la habréis encontrado hasta en algún anuncio de coche recientemente.

Abraham Maslow afirmaba que la satisfacción de las necesidades humanas es un proceso continuo que sigue una jerarquía muy concreta: al alcanzar la satisfacción de las necesidades más básicas , automáticamente elevamos nuestras expectativas hacia necesidades de orden superior.  En las sociedades occidentales nuestras necesidades más básicas están fundamentalmente cubiertas.  Todo, o casi todo, está inventado ya.  Diferenciarse y/o innovar en términos de producto es, en nuestros días, prácticamente imposible.

Nuestras posibilidades reales de llegar al corazón de los clientes y activar su preferencia, no pasan por el énfasis en el producto sino por ofrecerles marcas nítidas y auténticas que les aporten verdadero valor.  Una marca no es más que un conjunto de valores que anidan en la mente del consumidor como consecuencia del agregado de estímulos recibidos:  Volvo es seguridad, IKEA es diseño práctico, Nivea es familiaridad y cuidado, Yoigo es oferta básica y precio…

Y tu marca es la experiencia de tus clientes

Es posible que también hayáis visto este vídeo en Youtube.  Se trata de una acción de marketing experiencial recientemente implementada por el operador de telefonía alemán T-Mobile consistente en recrear en una plaza pública el videojuego de culto “Angry Birds”.

 

T-Mobile ya nos había sorprendido con iniciativas semejantes como su T-mobile dance (con casi 30 millones de reproducciones) o su karaoke masivo del Hey Jude de The Beatles en Trafalgar Square.

En todos estos casos los estímulos de marca que nos llegan (de tipo experiencial) permiten la participación activa de los asistentes, maximizando el recuerdo de marca e intensificando la relación con la misma (no olvidemos que estas acciones no son nunca interrupciones publicitarias sino contenidos de entretenimiento).  Mientras la marca proyecta valores positivos (normalmente alejados de una gran operadora de telefonía) como son la sociabilidad, la diversión, la cooperación.

Muy destacable también el trabajo de T Mobile en la viralización de estos vídeos, para amplificar su cobertura hasta llegar a cientos de miles de internautas.

Categorías
branding

2 DE ABRIL DE 1993: EL DIA QUE LA MARCA MURIO

2 de abril de 1993: Philip Morris, el gigante mundial de los cigarrillos y matriz de la marca Marlboro, hace pública su decisión de recortar un 20% el precio de sus cigarrillos para mantener su competitividad en el mercado.

Uno de los iconos más potentes del universo de marcas internacionales, realizaba por primera vez, a los ojos de sus clientes y sus inversores, un movimiento opuesto a su filosofía: desarrollar el valor de marca por medio de la publicidad para sostener un precio premium frente a la competencia.

Inmediatamente, las acciones de Philip Morris en Wall Street colapsaron.  Por uno de esos efectos dominó (fundamentalmente impredecibles pero que esos sesudos analistas con gemelos y gomina intentan interpretar siempre), otras mega-marcas como Heinz, CocaCola, Quaker y Pepsi arrastraron también a sus fabricantes a una idéntica catarata de pérdidas.

Los de la gomina y los gemelos comenzaron a cuestionar entonces el valor de la imagen de marca.  ¿Acaso la ecuación de "más inversión igual a mayor valor de marca igual a precios premium" ya no era válida?   

Afortunadamente (al menos para los que pensamos que las marcas tienen una función que cumplir: otogarnos garantía y fiabilidad y facilitarnos la elección y las mejores soluciones a los mejores precios), la marca no murió ese día.

Muy al contrario, volvió a nacer. 

Desde aquel día, algunos expertos en marketing comenzaron a replantearse la primera parte de la ecuación.  El valor de marca no tiene por qué ser directamente proporcional a la inversión publicitaria.  Grandes marcas consolidadas en los 90 como Zara o Aldi, consiguen construir una multitudinaria franquicia de clientes fieles sin invertir un céntimo en publicidad.

El valor que una marca aporta a un cliente (y que puede llegar a justificar un precio más alto), no es una función de la inversión que hacemos en ella sino de los beneficios (de carácter racional y emocional) que recibe el cliente.  Hagamos o no hagamos publicidad.  Valor que se puede ver reducido si no prestamos un servicio impecable o el cliente se arrepiente de la compra efectuada.  De nuevo: hagamos o no hagamos publicidad.

VALOR 
  
La historia me pilló bastante cerca.  En 1994, recién terminada mi carrera, me incorporé a Leo Burnett como responsable de cuentas de Marlboro.  Viví una época nerviosa en la que los gestores de la marca -entre la gente más brillante con la que he tenido la suerte de trabajar-, procuraron cambiar el chip y trasladar una parte cada vez más importante de su inversión a los entonces llamados medios no convencionales, aquellos que podrían intensificar la relación del consumidor con la marca más allá de las capacidades de la publicidad tradicional:

– reforzamos la explotación del patrocinio de deportes del motor por parte de Marlboro (promociones y grandes eventos en Barcelona, Madrid y Jerez con ocasión de los grandes premios),

– desarrollamos con magníficos resultados el primer programa de fidelidad de tabaco realizado en España: marlboro Miles; a los pocos meses, el resto de marcas "tomaron la idea prestada",

– comenzamos a introducirnos poco a poco en el mundo de la música, primero en estilos mainstream como el pop, y poco a poco en movimientos urbanos como el dance o el hip hop,

Como resultado Marlboro reforzó su liderazgo convirtiéndose en la única marca Premium de tabaco, (¿os imagináis el mercado de la moda con sólo una marca de pret-a-porter?), claramente posicionada por encima de su competidores más directos como Winston, Lucky Strike, Fortuna o Camel.

Debo estar mayor, veo estos anuncios de Marlboro y me entra morriña.

Saludos morriñosos e irreverentes.