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DESARROLLAR UNA MARCA EN LA ERA DIGITAL

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Ayer por la mañana asistí a un encuentro de la recién formada Asociación de Marketing de España donde la directora de Marketing de Iberia de Google nos habló de "las claves del branding en la era digital".

Fue interesante.

Básicamente, la propuesta de Google para desarrollar rentablemente su marca (olvidemos por un momento de que es una empresa puntocom – la más grande del mundo) es la siguiente:

1. Generar el contenido más útil que seamos capaces de generar y ponerlo al alcance del público de forma gratutita (o casi) de forma masiva.

2. Si el contenido es suficientemente relevante y útil, contribuirá a generar comunidad alrededor de nuestra marca.  No nos impacientemente por convertirlo en ingresos.

3. Utilicemos la comunidad construída gracias al atractivo de los contenidos para generar ingresos poco a poco (patrocinios publicitarios en el caso de google, anuncios de empresas de servicios en www.11870.com…)

No se habló en la sesión pero me fui de allí pensando que una empresa puede aplicar este mismo proceso en 3 fases fuera de la red:

1. Un fabricante de productos lácteos puede apostar por un área de contenido que ofrezca diversión/información útil/etc a su target.  Como vínculo de una marca con sus consumidores desde luego un contenido útil es más atractivo que un anuncio.

2. Puede, como ya están haciendo marcas como Gillete o Rexona for Men, generar comunidad con la ayuda de campañas multimedia.

3. Y utilizar la base de datos de permiso generada para construrir la relación y potenciar la prueba y la recompra.

Por cierto, no pasaba tanto frío desde la mili.  El sitio (restaurante del Museo del Traje) es fantástico, pero recomiendo poner la calefacción un rato antes de que entren los asistentes.  El frío será bueno para el cutis, pero no me lo quité de los huesos en todo el día.

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LAS MARCAS VENDEN VALOR. LA PUBLICIDAD VENDE RETORICA.

Blablabla

 
Hace algunos años asistí en Madrid a una ponencia de Jack Trout (uno de los autores del best seller Posicionamiento). 

Personalmente creo que Trout lleva desde 1980 contando la misma idea de muchas formas diferentes (lo importante es ser el primero en llegar – si usted no es el primero, procure crear una nueva categoría donde sí sea reconocido como el primero…).

Pero aquel día me impactó una afirmación mucho más interesante que su discurso habitual: "no hay nada peor para un mal producto que un buen marketing, porque le ayuda a morir con mayor rapidez".

Pensando en esta frase, descubro 3 ideas en 1, y estoy de acuerdo con dos de las tres:

Los productos mueren, igual que las personas, es inútil resistirse – es inútil invertir cientos de miles de euros en publicidad para alargar la vida de un producto agonizante

No hay nada más importante que el producto que queremos vender – lo demás es retórica.  Y en estos tiempos en que los consumidores están mejor informados, son más críticos y proactivos, la retórica es un lastre.

– No estoy de acuerdo en que puedan coincidir un mal producto y un buen marketing: si el producto es malo es que su marketing también lo es (el marketing no va de publicitar sino de construir marcas y productos rentables).  Pero bueno, quizá esto no estaba tan claro en 1980.

No es que me me dejase una huella imborrable, sino que hoy revisando papeles encontré unas notas.  Un saludo a todos.

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LAS LOW COST O ¿LA CONCIENCIA SOCIAL?

Clean your room

Hace unos días escribí un caso práctico (un examen…, es extraño volver al cole) para el Doctorado sobre el auge de las marcas low cost.

La opinión generalizada es que se benefician del actual contexto de desconfianza: nadie gasta ni un céntimo de más porque todo el mundo piensa que esto irá a peor (ya se encarga Elena Salgado de confirmar estos temores). 

Discrepo.

Si bien el principal argumento comercial de las Low Cost es que con ellas pagamos menos (al menos por sus ofertas más básicas), tanto Ryan Air como Easyjet, Ikea, Línea Directa Aseguradora, Symio, Pepecar, los hoteles Bonhocio o Accor deben su éxito a otros motivos:

Comprar low cost nos gratifica: "yo no soy tonto" quiere decir que no voy a pagar más por un artículo (especialmente por un artículo de bajo valor añadido) si tengo un sustituto perfecto a mi alcance mucho más barato. Por eso en Mercadona son los yogures Hacendado y no los Danone los que llueven hacia los carros. Por eso las marcas blancas ya suponen un 50% de la cesta de la compra.

La concienciación social/medioambiental:  tenemos la sensación de que la culpa de la crisis es culpa de la codicia de algunos, que han hecho que el ecosistema económico se viniese abajo.  Sentimos que tenemos que prevenir un nuevo cataclismo prescindiendo como consumidores de lo superfluo, de aquello que realmente no necesitamos.

El consumo se democratiza: como podéis leer en un medio excelente para aprender sobre tendencias sociales, www.trendwatching.com en su informe MASSCLUSIVITY,  cientos de productos antes asociados al privilegio o exclusividad de élites acomodadas, ahora están al alcance de unas clases medias globalizadas.  No ya en occidente, sino en potencias emergentes como los BRIC (Brasil, Rusia, India y China).  Expandiéndose por mercados tan grandes las low cost pueden aligerar aún más sus costes.

Sinceramente, creo que el estudio de las low cost depara una malísima noticia para las marcas tradicionales: no estamos ante una tendencia pasajera asociada a la crisis, sino ante un fenómeno que echa raíz en las necesidades y expectativas de una sociedad que experimenta profundos cambios.

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El tupperwaring y el cierre de mis restaurantes.

Como muchos sabéis durante cuatro años he estado luchando con un nuevo concepto de hostelería fast & natural que tuvo su punto álgido con tres restaurantes en Madrid pero que la crisis nos obligó a abandonar hacer más de un año.

Hoy paso por delante de una conocida heladería de la calle Alberto Aguilera, y veo que -imagino en un intento de recuperar los ingresos que han perdido por otro lado- amplían su oferta de siempre (helados, bollería, cafés, copas…) incorporando ¡ensaladas!

Reflexiono sobre las razones que nos llevaron a salir de nuestra "mini-cadena" y una imagen que siempre me viene a la mente es el modelo de las 5 fuerzas de Michael Porter.  Las fuerzas de las que al final depende (además de tu propia gestión) que tengas éxito o te pegues la galleta.

5 fuerzas

Si tuviera que escoger entre las 5 la que más determinante resultó en que nuestros ingresos declinaran, sin duda es la "amenaza de productos y servicios sustitutivos".  Me explico: la ensalada es un plato único perfecto para quien come fuera de casa:  rápido, sano, equilibrado y barato.  Es y seguirá siendo un segmento incipiente en fast food pero quien lo quiera explotar en el futuro deberá cuidar y sofisticar la ejecución al máximo.  Porque existe un sustituto perfecto y que vale una mínima parte: el tupperware.  Nada más apropiado para preparar en casa y llevármelo a la ofi: fácil, rápido y además no hay que recalentarlo.

La crisis ha desarrollado el fenómeno del tupperwaring.  El que piense que ofreciendo ensaladas rápidas va a ampliar su base de clientes lo lleva más crudo que la lechuga.

 

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CELEBRA LA NOCHEVIEJA COMO TE MERECES: WORLD FASHION TOUR (by El Corte Inglés…)

Mientras trabajaba escuchando Spotify, acabo de encontrarme con una interesante iniciativa detrás de la cual se encuentra el departamento de moda joven de El Corte Inglés.  Celebro que el Corte Inglés también innove.  Los consumidores lo agradecemos.

Se trata de www.migrannoche.com una página donde puedes optar a vivir una nochevieja inolvidable con tus amigos en Tokyo, San Petersburgo o Manchester.  Para ello tienes que:

– gastarte 30 eur en la planta joven de El Corte Inglés (esta es la parte que menos me gusta: si para ver un spot convencional en la tele no nos piden dinero a cambio, no deberían hacerlo para participar en una mecánica como esta, que ok ofrece unos incentivos al final de un sorteo, pero que fundamentalmente también es comunicación de marca

– elegir un destino y un avatar que te represente en tu solicitud de participación

– rellenar un formulario (con ello tienen tu opt-in para CRM´arte en el futuro)

– esperar a que te toque.

A través de la página puedes acceder también al catálogo de la colección joven de El corte inglés, www.worldfashiontour.es, una triple propuesta inspirada en San Petersburgo ("con la personalidad propia de un zar"), Tokyo ("abre tu mente") y Manchester ("apuesta por el rock&roll" – ejem, para eso deberían haberse ido a Memphis, Manchester es una de las cunas del pop, no del rock).

World fashion tour

Me sorprende favorablemente porque:

– al final llegamos a la colección de moda "joven" (enfoque habitual de El Corte Inglés) pero contextualizada de un modo diferente y más atractivo

– invierten en contenidos, huyendo de los mensajes publicitarios tradicionales, con lo cual combaten la suspicacia habitual de los consumidores

– con ello el proceso ha sido pull, no push – ok ha arrancado por medio de una cuña en spotify pero todo lo demás lo he descubierto yo a base de unos pocos clicks.  Una diferencia aparentemente sutil pero importantísima para abrirse paso entre la saturación.

Eso si, apuntarse al concurso parece un dolor de cabeza.  Yo he tirado la toalla.

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EL CANAL FOX ABRE UNA TIENDA EFIMERA EN EL CENTRO DE MADRID

Leo en Yorokobu que el canal Fox está a punto de abrir una tienda efímera (e.d. que solo permanecerá en funcionamiento durante unas semanas) en la madrileña calle de Barceló.  Además, un par de horas después me encuentro con esta lona en la Glorieta de Bilbao cuando salgo en mi moto de Telepizzero de dar mi clase de Marketing de los jueves por la mañana en la Escuela Superior de Publicidad.

Cómprate el bastón de 'House', el 'kit' de Perdidos o el cuchillo de 'Dexter'

Inmediatamente me vienen a la mente proyectos de espacios de marca similares que en los últimos meses nos han traído marcas como Orange, Danone, o hace más tiempo Mini, Fiat, Ducados o Chesterfield (en este último proyecto tuve la suerte de participar hace muchos años).

Lugares donde la marca permite desplegar todo su imaginario y permitir la interacción física con los clientes.  Donde la experiencia de consumir el producto (en este caso las series de Fox) y ver su comunicación, se complementa con el entorno físico de la tienda y sus empleados.  O sea, una experiencia de marca TOTAL.

Si bien en el caso concreto de Fox hay algo que no entiendo bien.  Fox es una cadena que alberga en su parrilla distintas series de ficción, unas con mayor éxito, otras con menos.  Unas nos enganchan y otras nos dejan indiferentes. 

¿No os parece un poco pretencioso que Fox pretende quedar por encima del Doctor House?  Dicho con otras palabras, el éxito de Fox en el mercado de la TV depende más de la acidez de House, del éxito de Mujeres Desesperadas o la crudeza de Anatomía de Grey que de su propio sello como canal.

No creo que vaya, pero el día que le dediquen una tienda efímera solo a House, a lo mejor me lo planteo.

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DAVID DELFIN, ole tus hxxvos!!!

El sábado pasado asistí a un pase privado (gracias, Penélope) de la última colección de David Delfín, el enfant terrible de la moda española.  Tan terrible que le hace un corte de mangas a la P.Cibeles y se monta su propio mini-desfile en el edificio de Telefónica en Gran Vía.

Espectros de frente

No soy un experto en Moda ni pretendo serlo.  Jamás he seguido ni admirado a ningún diseñador, soy mi propio estilista, desde que tenía 16 años y salí de casa, me compro y me visto con lo que creo que simplemente me quedará razonablemente bien y es apto para mis bolsillos y si es de color negro mucho mejor.  Acudí al evento con curiosidad y la verdad es que superó mis expectativas.  No tanto por la colección en sí, que me pareció un despliegue monocorde de prendas ibicencas, sino por la puesta en escena impactante y difícil de olvidar.  Por varias razones:

-Primero, el edificio es un enclave de lo más significativo en el centro de Madrid.  Acceder a él para el que nunca lo haya hecho es un descubrimiento, es como entrar en una cripta de los libros de Dan Brown.

-El montaje de luz y sonido, era capaz de transformar una vulgar escalera en una pasarela de moda.  Pero ya hay que ser atrevido para exponerse a hacer algo así en lugar de refugiarse en la seguridad de un desfile convencional.

-La apariencia de l@s model@s , (supongo que con deliberda indefinición en los géneros, salvo por Bimba Bosé que ya sabemos quién es), inquietante.  Vestidos de verde hospital, con el pelo teñido de rojo y una especie de determinación lenta pero amenazante, rollo los zombies de George A. Romero.

En suma, un espectáculo visual de primera que posiblemente no contribuya a vender muchas de las prendas que se vieron sobre la pasarela, pero sí a hacer el nombre de David Delfín más grande.  Y de eso se trataba. David Delfín sí que sabe de diferenciación, y de branding.

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DIFERENCIACION Y TORTILLA DE PATATAS

Los psicólogos dicen que nuestra existencia es un devaneo pendular entre la seguridad y el riesgo. Somos seres sociales pero al mismo tiempo necesitamos afirmarnos. Nos debatimos entre la seguridad que nos ofrece pensar y comportarnos con arreglo a los patrones “políticamente correctos” que dicta el grupo, y la curiosidad por despegarnos de ese grupo y la ambición de ser diferentes a los demás.

En la práctica totalidad de marcas para las que he trabajado esta misma duda me consumió siempre –y me consume-. Invertir en una marca tomando decisiones sobre producto, sobre publicidad, sobre promociones, implica un enorme riesgo: equivocarse. Equivocarse en marketing equivale no solo a malgastar un presupuesto sino a alejar la marca de sus consumidores.

Las escuelas de negocios nos enseñan a lidiar lo mejor posible con este riesgo. Aprendemos metodologías destinadas a que no metamos la pata en lugar de descubrir cómo desarrollar productos únicos y valiosos. La investigación de mercados, el benchmarking, los análisis de viabilidad son necesarios y útiles pero no ofrecen soluciones perfectas. El riesgo quizá pueda reducirse pero nunca eliminarse.

Me pregunto –hablando en genérico- cuál de estas dos estrategias entrañaría mayor riesgo:
– guiarse por los pasos de la competencia, emulando en lo posible su oferta para sentirnos seguros de que siguiendo la pauta del mercado, al menos no fracasaremos estrepitosamente
– romper las reglas, sabiendo que en un mercado sobresaturado de ofertas, sólo los productos verdaderamente diferenciales lograrán alcanzar el éxito con mayúsculas.

Hace poco descubrí a alguien dispuesto a romper las reglas con algo tan aparentemente prosaico como una tortilla de patata. Este plato es el único argumento de diferenciación de un restaurante de Betanzos en el que comí este verano. Yo estaba por la zona y los comentarios en http://www.11870.com/ sobre su tortilla me atrajeron al sitio.

En lugar de postularse como lo hace su competencia en Betanzos: “especialidad en carnes, pescados, arroces y mariscos de la ría” (o sea, especialistas en todo), estos señores optaron por desarrollar un plato popular de un modo diferente y basar en él su posicionamiento. Ello les ha permitido desmarcarse del resto y hacerse con una clientela fiel.

Realmente una vez allí lo de menos es la tortilla. Has traspasado el umbral y estás sumergido en la experiencia de marca: el servicio, el local, la carta, los precios… Y todo encaja bien así que volveré, aunque no sea para comer tortilla de patatas.

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AUNQUE EL BANCO POPULAR SE VISTA DE SEDA…

Ayer me detuve un momento a contemplar un paisaje urbano de los típicos, al que normalmente no suelo prestar atención: dos escaparates de dos bancos, el Popular y Bankinter, a escasos 100 metros uno de otro.

La entrada viene a propósito del Banco Popular, que hace unos meses ha cambiado el tono de su comunicación en el punto de venta. El mensaje que da a la calle dice: “Aquí dentro las buenas noticias económicas abundan” (perdón por la pobre calidad de la foto, tengo que cambiar de móvil…) sobre un fondo sepia de prensa económica.

No se puede negar que el mensaje es directo y agresivo, y el hecho de utilizar un fondo de papel de periódico, rompe con la estética habitual en las sucursales bancarias. Sin embargo los señores del Popular comenten un error frecuente en Branding de servicios bancarios: son incoherentes.

Estamos en el año 2009, no en los ochenta. En medio de una saturación nunca vista de ofertas indiferenciadas y con las audiencias fragmentadas y hastiadas de publicidad, una marca ya no es aquello que sus propietarios dicen que es, SINO LO QUE EL CONSUMIDOR EXPERIMENTA.

Y la experiencia del consumidor no se alimenta tan sólo de la publicidad. Es más, últimamente de lo que menos nos fiamos los consumidores es de la publicidad.

El posicionamiento de una marca en nuestra cabecita depende igualmente de la relación que tengamos con el producto (en el caso del Popular, sus ofertas tanto de activo como de pasivo), el entorno físico (sus oficinas, su señalética, su disposición interna…) y las personas (empleados del Popular que intermedian entre el Banco y nosotros sus clientes). Si la imagen del Popular está anquilosada desde hace años, si su oferta de productos es conservadora y su lenguaje complejo, alejado de la realidad de sus clientes, si las oficinas tienen un aspecto vetusto, si las personas tienen un rictus funcionarial… por muy trendy que pretenda ser su comunicación en punto de venta, y el conjunto resultará incoherente y falto de credibilidad.

A su lado Bankinter: un banco moderno e innovador. Con una imagen de marca consistente en todos sus puntos de contacto con el cliente (sucursales recién reformadas, modernas y tecnológicas, productos relevantes y fáciles de entender, una comunicación fresca y desenfadada y un personal joven y con excelente cultura de servicio al cliente).

Si yo fuese el Popular pondría en marcha una auditoría de marca a todos los niveles. Para encontrar un espacio diferencial frente a su competencia y relevante y actual ante sus consumidores. Y aplicaría este nuevo posicionamiento a su oferta de producto, sus oficinas, su personal y su comunicación.

Mejor mañana que la semana que viene. Porque por muchos carteles cachondos que cuelguen en sus escaparates, aunque la mona se vista de seda…

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LAS MARCAS BLANCAS NO SON DEL TODO BLANCAS

Cuando hace año y medio los grandes medios comenzaron a emitir preocupantes mensajes sobre la inminencia de una crisis nunca vista, algunas grandes marcas sonrieron repachingadas en el confort de los lineales.

Incluso en un momento de criris, ellas, las marcas “de color” no tenían nada que temer ante las “imitaciones baratas”, las llamadas marcas blancas. Es cierto que cuando el consumidor se aprieta el cinturón, los productos con sustitutos a mejor precio fáciles de identificar y conseguir pueden salir perdiendo. Este fenómeno se ha estudiado empíricamente y puede demostrarse e incluso anticiparse en la mayor parte de sectores. Sin embargo, pensaron nuestras marcas “de color”, los precios más baratos por sí solos no conseguirán derribar la solidez de una relación de fidelidad como la que tenemos con nuestros clientes. Nuestras marcas son poderosas, llevan mucho tiempo entre nosotros, han sido construidas con inversiones multimillonarias en publicidad y promoción, han llegado al corazón de las personas: ¿quién podrá quitarlas de ahí?

¿La respuesta? esos mismos consumidores.

Muchos fabricantes subestimaron el potencial de las marcas blancas… pensando que eran completamente blancas. Pues no. Las marcas blancas también poseen atributos y valores que pueden hacerlas deseables. No me refiero solo al precio, ni a la transferencia de valores del propio distribuidor. Si lo miramos en más detalle, veremos que esa decisión de pagar menos por lo mismo –o casi-, responde a una reflexión de compra más profunda y significativa que produce gran satisfacción al que adquiere el producto.

Esta actitud ante la compra ha sido descrita como “comportamiento Zara”: ¡pero mira esta camiseta, si tiene una pinta estupenda: sería de tontos pagar más por una camiseta igual de Dolce & Gabana!. Pues eso, las marcas blancas no dejan de crecer porque una parte del público ha decidido que pagar casi un euro más por un yogur porque sale en la tele es injustificable. Que pagar menos no sólo es una buena decisión económica, sino que quien ahorra se siente más inteligente que quien se deja arrastrar por la hipnosis que provocan las grandes marcas. Ok, esto es una simplificación de la realidad, admito que Danone aporta más beneficios como marca que el mero hecho de ser un anunciante líder. Pero la pregunta es: ¿qué nivel de sobreprecio estaría justificado por estos valores de marca: un 30% más? un 10%?

Fabricantes: como en el lapidario mensaje de las puertas del infierno en la Divina Comedia: “desechad toda esperanza”. En el infierno –para las marcas con sobreprecio- de los nuevos mercados dirigidos por los repelentes consumidores 2.0, cada vez resultará más difícil cobrar tres eurazos por cien gramos de jamón cocido loncheado. Siempre y cuando haya alguien dispuesto a cobrar un treinta por ciento menos con una calidad razonable. No olvidemos que la calidad no es un parámetro absoluto sino relativo: la calidad solo puede ser evaluada en el contexto del precio pagado.

En los despachos de caoba de las grandes multinacionales suspiran mientras tachan ansiosamente las fechas del calendario con un grueso rotulador: ¿cuándo se esfumará la crisis? ¿Cuándo volverán los clientes a confiar en nuestra marca?

Les aguardan malas noticias: los buenos tiempos para las marcas de color simplemente no volverán.

En Marketing lo más difícil, con mucho, es cambiar las percepciones de los consumidores. Como apunta Al Ries, conseguir que un cliente reconozca que la marca a la que ha estado concediendo su confianza no la merece, y concederla a un tercero, es un ejercicio que requiere una mastodóntica fuerza para ser llevado a cabo. Y una vez que se produce, es difícil, casi imposible revertirlo.

¿Realmente tu marca de mermelada favorita ocupa un lugar tan crucial en tu vida como para echarla de menos cuando no la compras? ¿La recordarás con nostalgia durante meses hasta que la crisis amaine y te puedas permitir el lujo de volver a comprarla? ¿Te merece la pena volver a comprarla?

A lo mejor no.

El gallo de Kellogg´s frunce el pico en una mueca de impotencia mientras los carritos del hiper pasan de largo. El monopolio de los yogures argumenta que no fabrica para marcas blancas (¿es eso un activo de marca en los tiempos que vivimos?). Y la abuela de Litoral nos enseña su fondo de armario mientras reivindica que solo su fabada es realmente fabada.

La mayor constatación de que una empresa tiene un problema de marketing que no sabe cómo resolver es verla derrochar sus euros en la tele confiando en que la presión publicitaria lo arregle todo.

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