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Las marcas piden al gobierno que transforme el mercado en un Koljós

La vuelta al Koljós

Koljós
Como nos explicaban en Ciencias Sociales en el colegio, un Koljós es el modelo de granja colectiva que imperaba en la Unión Soviética mediante el cual el estado mantenía el control de la actividad agraria.

El símil me vino ayer a la cabeza al leer ayer en el periódico el llamativo titular "el gran consumo reclama apoyo al PP". E.d., como la crisis nos zarandea y encontramos dificultades para crear lazos de fidelidad con nuestros consumidores, vamos a ver si el nuevo gobierno nos protege.  Algunas de las afirmaciones de los ejecutivos de Marketing entrevistados en el artículo:

  • "Un mundo sin publicidad es un mundo más pobre", ya que un informe de la OCDE demuestra que los países con mayor PIB son también los que más gastan en publicidad.  Me sorprende esta curiosa acepción del progreso: es más desarrollado quien más gasta, no quien hace un uso más racional de sus recursos.  ¿Cómo no van a ser los países occidentales los que más gastan en publicidad?  La publicidad es el precio que pagamos por lanzar y conservar marcas indiferenciadas, y en cualquier hipermercado de Estados Unidos, de Europa Occidental, de Japón… existen miles de marcas,la mayoría de las cuales se parecen entre sí como dos gotas de agua.
  • "El 80% de los productos fracasan porque no se genera la distribución necesaria".  ¿???? El 80% de los productos fracasan porque no son diferentes, y por eso no activan el interés de nadie, y por eso no generan boca a boca, y por eso el distribuidor no percibe la necesidad de comercializarlos, porque sus clientes no los solicitarán.
  • "Las marcas se consolidan con inversión en innovación y en comunicación para conectar con los consumidores".  Aquí les doy la razón pero les invito a pensar en qué están pensando cuando hablan de "comunicación", porque si en lo que están pensando es en la publicidad que todos conocemos, entonces deberían darse cuenta de que esa comunicación no es capaz de conectar con los consumidores.

El corporativismo en contra del enemigo común: la marca blanca

No entiendo el corporativismo de los fabricantes en contra de las marcas de distribución.

Jamás entenderé anuncios como éste, donde las marcas de fabricante se arrogan una especie de valor etéreo por encima de las mal llamadas "marcas blancas". 

 

Cierto que las marcas nos ofrecen identidad, diversidad y libertad.  Pero esto es como la valentía en los soldados: se presupone.  Lo que marca la diferencia entre la supervivencia de una marca y su fracaso es el valor aportado al consumidor.

Las marcas de distribución, como propuestas low cost que son, también nos ofrecen valor:  su relación calidad/precio más el paraguas de garantía ofrecido por la marca que las distribuye.  Lo que ha sucedido es que, como consecuencia de la crisis y la retracción del consumo,  nuestros criterios de compra se han trastocado poderosamente.  Ahora un yogur griego de marca blanca es un sustituto perfecto para el yogur griego de la marca que todos conocemos, porque aunque quizá su calidad no sea la misma, su precio es menos de la mitad.

Generalizar es muy peligroso.  Las marcas de fabricante no son los buenos ni las de distribución los malos de la película.  Precisamente porque la marca solo habita en la mente del consumidor, es cada individuo quien decide qué marca es buena o mala para él/ella.  Santificar a las marcas de fabricante por medio de anuncios como este es un ejercicio publicitario irrelevante y, con la que está cayendo, yo diría que hasta irresponsable.

La mala noticia para los fabricantes es que les ha salido un grano.  Que tienen un nuevo competidor que al mismo tiempo es un cliente que les compra sus productos.  Y esta es una situación complejísima de lidiar.

Lo cual no creo que justifique llamar a Rajoy para que lo solucione.  Sigan innovando, sean honestos y ofrezcan magníficos productos que el consumidor quiera en sus vidas, recuperen la confianza de éste con contenidos interesantes, no con publicidad cansina… y Rajoy no les hará tanta falta.


Por si quieres leer más:

Las marcas blancas no son tan blancas

¿Por qué las "grandes" marcas odian a las marcas "blancas"?

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Vueling: lo que pudo haber sido y no fue

Imagínate que tienes una hermana pequeña, aquella a la que siempre tratas de orientar y proteger.  Te cuenta que está empezando a salir con alguien y te pone a esta persona muy, muy bien.  Te habla de alguien honesto, cercano, generoso, que jamás te contará una mentira, que se interesará por ti y te mostrará su afecto.  Alguien, en definitiva, que todo el mundo quisiera tener a su lado.

Tus expectativas sobre su novio obviamente serán tan grandes como la insistencia con la que tu hermana te hable bien de ella. Imagínate ahora que una noche le conoces.  Compruebas que es una persona joven y dinámica como te habían contado, pero a medida que la noche avanza te vas dando cuenta de que por dentro no es lo que parece.  Se escaquea cada vez que hay que pagar e incluso al final se atreve a pedirte dinero para tabaco.

Decepción, ¿no? 

Pues lo mismo me pasó el martes pasado con Vueling.  La historia que me ha llegado de Vueling (su posicionamiento) es bastante agraciado: una marca low cost joven y divertida, que me hará sentir bien porque me dará un servicio aceptable a un precio muy bueno.

Vueling

El gap de valor entre su promesa y su desempeño va in crescendo desde que entro en su web a reservar el billete:

  • Al reservar el billete, su interfaz de usuario va revelando una serie de costes ocultos que jamás había visto ni en Ryan Air (que se supone que es el paradigma de aerolínea que regala los billetes para luego cobrarte por servicios añadidos), hasta el punto de que me cobran por reservar asiento on line y por imprimir mi tarjeta de embarque anticipadamente.  Es el mundo al revés: me cobran por una gestión con la que les ahorro un coste de personal.  El resultado es que el precio total del billete duplica la oferta inicial que me salía en su buscador.  De coña.
  • Las comunicaciones electrónicas que recibo de ellos en los días previos al vuelo no están orientadas a agradecerme la compra (encuentro que podrían gratificar mi primera compra con distintos tipos de recompensas electrónicas a un coste casi cero) sino a facturar más (me ofrecen pagar por todo tipo de servicios que en una aerolínea siempre han sido gratuitos, como sentarme más adelante o, de nuevo, hacer check in digital).  ¿No se supone que una low cost precisamente suprime costes superfluos?  Estos son más listos porque lo hacen al revés.
  • Llego al aeropuerto y, debido a un error en la emisión del billete, debo adquirir otro nuevo.  Llego a su oficina de venta en la T4 y sin mostrar la más mínima empatía conmigo, lo único que me ofrecen es adquirir otro billete.  Como no puedo permitirme el lujo de no volar, saco la tarjeta de crédito y decido que ya reclamaré.  Comienzo a pensar que me ven como un cajero automático.
  • Como me he tenido que levantar a las 6 de la mañana, no me ha dado tiempo a desayunar y me apetece un café.  Miro en la carta y el precio de un café y una tostada son cinco euros.  No es por los cinco euros, sino por las pocas ganas de darles un céntimo más, pero paso…

En suma: cuando en un mercado sobresaturado de oferta consigo que un cliente se acerque a mí, he conseguido quizá la parte más difícil.  Abrirme paso.  A partir de aquí, debo aportarle suficiente valor como para que la experiencia sea positiva y vuelva a mí en futuras ocasiones.  La experiencia es tan importante (el punto de venta – en este caso la aeronave, el punto de prestación del servicio) que se ha dado en llamar el "tercer lugar" (el hogar sería el primero y el trabajo el segundo), allí donde nuestra convivencia con las marcas de intensifica.  Por eso me decepciona tanto que Vueling invierta indiscriminadamente en captación (anuncios en TV, en revistas, en Internet, acciones no convencionales) y cuando por fin consigue que me preste a "salir con ellos", me decepcione tan profundamente en la primera cita.

Si voy a establecer una relación con alguien, igual si es una persona que si es una marca, lo primero que le demando es consistencia: que muestre siempre el mismo rostro.  No otorgaré mi confianza a una aerolínea que muestra una pose sonriente y accesible y luego se obsesiona con sablearme desde el momento mismo en que me acerco.

El territorio de una marca es importante y su contenido (el conjunto de mensajes útiles de marca que intentamos hacer llegas a los clientes también lo es).  Pero los marketinianos, obsesionados por el culto a la imagen de marca, tienden (tendemos) a olvidar que lo importante no es la película que contamos sino lo que el cliente infiere al ver nuestra película.  Y en ese punto la experiencia de consumo es crucial.

Yo le recomendaría a Vueling que si quiere salir a flote, dejar atrás para siempre los números rojos y afianzar relaciones de verdadera fidelidad con sus clientes, se preocupe menos de trincar unos céntimos o unos euros a cada pasajero, y más por gratificarle. El éxito comercial de una marca, da igual la categoría o el segmento del que hablemos, siempre pasa por cortar la sangría de "infieles" que nos abandonan: clientes en cuya captación habremos invertido miles y miles de euros, que quizá nos han probado pero que si no vuelven, nos obligarán a seguir invirtiendo más y más en publicidad y promoción para sutituirles por nuevos clientes.

Ya me gustaría que me hubieran hecho sentir especial (como una persona), y no sableado (como un ser impersonal que simplemente tiene euros en los bolsillos).

Lástima de lo que pudo haber sido y no fue.  Esta marca y yo jamás seremos novios.

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Hasta BIC tiene contenido de marca. ¿Lo tienes tú?

Me gustan las marcas que tienen la suficiente humildad como para bajarse de su pedestal publicitario y mostrar su lado humano.

Me acaba de llegar un información de BIC que me ha sorprendido favorablemente.  En su site www.littlebicworld.com echa mano de su propia historia y nos hace recordar lo iconográfica que es esta marca.  Con su inconfundible jingle, reproducido en esta nueva web en distintas versiones.

Para sortear el riesgo de ser visto como un mero ejercicio de "revival publicitario", BIC nos ofrece algunas sorpresas:Foto boli

– puedes importar una imagen y convertirla a una estética de trazos de boli azul, y llevarla a tu facebook: no es que eso te lleve a enamorarte de BIC de golpe, pero sí es una buena idea para viralizar entre tus amigos la posibilidad de hacerte un retrato a mano alzada en lo que se dice dos clicks.  Estoy guapo como un cerdo, que diría Jorge Martínez.

– si te sientes más creativo, la web contiene un concurso de clips donde puedes presentar tu propia versión del jingle de BIC y optar a un abanico de regalos de Apple.  Me parece quizá demasiado complicado como para que se dispare la participación, dicho lo cual van a tener una colaboración con Buenafuente en breve, lo cual sin duda amplificará el alcance de la acción.

Hay una estrategia que parece subyacer en esta nueva etapa de la marca y es el cada vez más recurrente "menos es más".  Resumo: nos estamos comiendo una crisis más grande que un caballo y como consumidores deberíamos aprender algo por el camino.  Entre nuestras opciones como consumidores se abre la posibilidad de comprar mejor, de manera más inteligente, de apostar por aquellos productos que prescinden de lo superfluo, aquellos que nos dan valor por el dinero que pagamos, y además, por su sencillez, contribuyen a un mejor uso de nuestros recursos naturales.

Si os fijáis, es la misma estrategia que emplean las grandes low cost como Ikea, MediaMarkt, RyanAir, Easyjet… (hace meses desarrollé este tema en otro post de este blog) sólo que trasladada a algo tan aparentemente simple y prosaico como un boli BIC.

Razón de más para que aprendamos de una estrategia así: si ellos pueden desarrollar contenido alrededor de un boli de plástico, tú también puedes.

Saludos irreverentes.

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CASA MINGO: COMO LLENAR UN RESTAURANTE HASTA LA BANDERA PONIENDO SOLO POLLO, ENSALADA Y SIDRA

Debe ser deformación profesional, el haber estado varios años (aciagos) dirigiendo restaurantes, me hace fisgonear de arriba a abajo todos los sitios en los que como.

Hoy estuve con la familia en Casa Mingo.  Ni el pollo ni la sidra son para tirar cohetes, creo que en cualquier otro sitio alcanzarían el nivel de menú del día y poco más.  Dicen que es asturiano pero a mí no me lo parece tanto: no te escancian la sidra y el chorizo a la idem me sale a mí mejor en el microondas…

Foto0058Sin embargo a las 2.00 tenían llenos los 2 comedores atechados, una carpa y las mesas al aire libre: calculo que unos 300 comensales mínimo. 

No, no me he vuelto crítico gastronómico.  Pero mientras me soprendía ver a más y más gente a la puerta escudriñándonos para ver si nos íbamos ya, empecé  pensar si su éxito se puede explicar desde una óptica de Marketing.

El modelo de Wally Ollins destripa las posibles formas de contacto entre una marca y un cliente.  Veamos:

– El producto, o sea lo que Casa Mingo vende:  lo dicho, corrientito…  Pero la calidad es un concepto relativo: en un contexto de precio bajo, el nivel de exigencia disminuye.

– La comunicación es el modo como Casa Mingo habla a la gente: yo diría que el mensaje que recibes es "aquí no vas a tener grandes lujos pero tampoco te vamos a cobrar de más".

– El entorno, un local con aspecto rancio de chigre asturiano, eso no se puede negar.

– Las personas: todo aquel empleado que entra en contacto con los clientes.  Tanto los camareros como la señora de la caja (siempre sentada, sólo cobrando) y el señor que maneja el asador de pollos hacen juego con el local, da la sensación que llevan más de 50 años integrados en él.

En suma, pienso que el éxito de Casa Mingo se explica por:

1. su autenticidad (no ofrece nada que no pueda servir rápida y eficientemente) y precio (se come por 9 euros/persona).  

2. buceo por 11870 antes de escribir esto y compruebo algo difícil de encontrar en un negocio de hostelería: su público es muy heterogéneo (adolescentes sin blanca, familias, turistas guiris y nacionales y señores/as en sus 60 ó 70)

3. lo de la crisis no es coña y estamos hartos de que nos tomen el pelo cobrándonos 10 veces más por algo que cabe debajo de una muela. 

En este sentido, Casa Mingo es una empresa "low cost": una oferta básica y sin florituras para todos los públicos a un precio asequible.

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LAS LOW COST O ¿LA CONCIENCIA SOCIAL?

Clean your room

Hace unos días escribí un caso práctico (un examen…, es extraño volver al cole) para el Doctorado sobre el auge de las marcas low cost.

La opinión generalizada es que se benefician del actual contexto de desconfianza: nadie gasta ni un céntimo de más porque todo el mundo piensa que esto irá a peor (ya se encarga Elena Salgado de confirmar estos temores). 

Discrepo.

Si bien el principal argumento comercial de las Low Cost es que con ellas pagamos menos (al menos por sus ofertas más básicas), tanto Ryan Air como Easyjet, Ikea, Línea Directa Aseguradora, Symio, Pepecar, los hoteles Bonhocio o Accor deben su éxito a otros motivos:

Comprar low cost nos gratifica: "yo no soy tonto" quiere decir que no voy a pagar más por un artículo (especialmente por un artículo de bajo valor añadido) si tengo un sustituto perfecto a mi alcance mucho más barato. Por eso en Mercadona son los yogures Hacendado y no los Danone los que llueven hacia los carros. Por eso las marcas blancas ya suponen un 50% de la cesta de la compra.

La concienciación social/medioambiental:  tenemos la sensación de que la culpa de la crisis es culpa de la codicia de algunos, que han hecho que el ecosistema económico se viniese abajo.  Sentimos que tenemos que prevenir un nuevo cataclismo prescindiendo como consumidores de lo superfluo, de aquello que realmente no necesitamos.

El consumo se democratiza: como podéis leer en un medio excelente para aprender sobre tendencias sociales, www.trendwatching.com en su informe MASSCLUSIVITY,  cientos de productos antes asociados al privilegio o exclusividad de élites acomodadas, ahora están al alcance de unas clases medias globalizadas.  No ya en occidente, sino en potencias emergentes como los BRIC (Brasil, Rusia, India y China).  Expandiéndose por mercados tan grandes las low cost pueden aligerar aún más sus costes.

Sinceramente, creo que el estudio de las low cost depara una malísima noticia para las marcas tradicionales: no estamos ante una tendencia pasajera asociada a la crisis, sino ante un fenómeno que echa raíz en las necesidades y expectativas de una sociedad que experimenta profundos cambios.