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Enfoca tu marketing en tu producto, no en tu comunicación

La soberbia de los publicitarios

Ombligo
Los que trabajamos en publicidad (o comunicación de marcas en un sentido general, como es mi caso), somos unos soberbios.

Pensamos que el consumidor siempre está dispuesto a recibir nuestros interesantísimos mensajes.  A cualquier hora y en cualquier lugar.  Nos encanta que interrumpan la película que queremos ver, que nos llamen constantemente al móvil a hablarnos de ofertas confusas que ni siquiera entendemos… Pensamos que no puede haber nada más interesante para nuestro cliente después de una jornada de trabajo que tragarse nuestra píldora publicitaria.

En nuestro fuero interno sabemos que no es así

Sabemos que, desde hace años, el boca a boca y no la publicidad es la principal vía de transmisión de mensajes de marca.  Así lo demuestra un estudio reciente de AC Nielsen que recogí en Big Brother is dead.

Boca a boca
Lo sabemos, y sin embargo lo ignoramos, porque mientras el boca a boca sigue siendo un agujero negro cuyos mecanismos de funcionamiento son difíciles de interpretar y cuyos resultados son difíciles de predecir, gestionar publicidad tan sólo requiere procedimientos administrativos:  vender una idea, producir una campaña, planificar un mix de medios, comprar el espacio y airear la campaña.

Otra cosa son los resultados de la misma.

La publicidad se ha convertido en una especie de commodity, un must que toda marca debe conocer y practicar.  Aunque se dé la circunstancia de que esa publicidad comunique un producto anodino e indiferenciado, como son el 80% de los productos que nos encontramos en los lineales de cualquier hiper.

Aunque nuestro producto agonice, aunque haya llegado al final de su ciclo de vida, olvidamos lo que nos enseñaron en la Universidad de que en ese momento es mejor soltar, dejar que el producto muera.  Porque la preferencia de los consumidores hacia productos más modernos, robustos y aspiracionales no puede combatirse con publicidad, como si fuese un mágico elixir que puede rejuevener a nuestra marca eternamente.

Ese truco funcionó durante los últimos 120 años.  Pero el consumidor ha tenido tiempo para aprender y el truco ya no funciona.

Enfoca tu marketing en tu producto y no en tu comunicación

Las marcas de fabricante lamentan que las de la distribución se limiten a copiarles.  Se quejan de que no lideran sus respectivas categorías sino que se limitan a copiar sus innovaciones.

Entendería este argumento si los fabricantes realmente se decidiesen a innovar mayoritariamente.  Hay honrosas excepciones:  aplaudo los yogures helados de Danone, las cervezas con abre fácil de San Miguel, el auto-dispensador limpio de Nocilla y la Coca-Cola Zero (en mi opinión la auténtica lección en materia de innovación de producto de los últimos diez años).

Pero en líneas generales observo que la mayor parte de las marcas utilizan su comunicación para potenciar el insuficiente atractivo de su producto (y vender a base de retórica algo invendible no es posible en nuestros días)  en lugar de concentrar sus recursos económicos y humanos en concebir un magnífico producto que sea fácil de comunicar… y que cale en las conversaciones de sus clientes generando boca a boca.  Por esa razón: porque es magnífico y les ofrece una solución que simplifique nuestras vidas.

Olvidamos la lección de Wally Olins, quizá el padre más celebre del Branding moderno.  Olins nos recuerda que el posicionamiento de una marca es consecuencia no sólo de los estímulos publicitarios que recibimos (de hecho, la publicidad pesa cada vez menos en el posicionamiento de las marcas) sino de su entorno físico (el punto de venta generalmente), las personas (empleados de la marca, clientes que la usan) y sobre todo del producto.

Saludos a todos.

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CASA MINGO: COMO LLENAR UN RESTAURANTE HASTA LA BANDERA PONIENDO SOLO POLLO, ENSALADA Y SIDRA

Debe ser deformación profesional, el haber estado varios años (aciagos) dirigiendo restaurantes, me hace fisgonear de arriba a abajo todos los sitios en los que como.

Hoy estuve con la familia en Casa Mingo.  Ni el pollo ni la sidra son para tirar cohetes, creo que en cualquier otro sitio alcanzarían el nivel de menú del día y poco más.  Dicen que es asturiano pero a mí no me lo parece tanto: no te escancian la sidra y el chorizo a la idem me sale a mí mejor en el microondas…

Foto0058Sin embargo a las 2.00 tenían llenos los 2 comedores atechados, una carpa y las mesas al aire libre: calculo que unos 300 comensales mínimo. 

No, no me he vuelto crítico gastronómico.  Pero mientras me soprendía ver a más y más gente a la puerta escudriñándonos para ver si nos íbamos ya, empecé  pensar si su éxito se puede explicar desde una óptica de Marketing.

El modelo de Wally Ollins destripa las posibles formas de contacto entre una marca y un cliente.  Veamos:

– El producto, o sea lo que Casa Mingo vende:  lo dicho, corrientito…  Pero la calidad es un concepto relativo: en un contexto de precio bajo, el nivel de exigencia disminuye.

– La comunicación es el modo como Casa Mingo habla a la gente: yo diría que el mensaje que recibes es "aquí no vas a tener grandes lujos pero tampoco te vamos a cobrar de más".

– El entorno, un local con aspecto rancio de chigre asturiano, eso no se puede negar.

– Las personas: todo aquel empleado que entra en contacto con los clientes.  Tanto los camareros como la señora de la caja (siempre sentada, sólo cobrando) y el señor que maneja el asador de pollos hacen juego con el local, da la sensación que llevan más de 50 años integrados en él.

En suma, pienso que el éxito de Casa Mingo se explica por:

1. su autenticidad (no ofrece nada que no pueda servir rápida y eficientemente) y precio (se come por 9 euros/persona).  

2. buceo por 11870 antes de escribir esto y compruebo algo difícil de encontrar en un negocio de hostelería: su público es muy heterogéneo (adolescentes sin blanca, familias, turistas guiris y nacionales y señores/as en sus 60 ó 70)

3. lo de la crisis no es coña y estamos hartos de que nos tomen el pelo cobrándonos 10 veces más por algo que cabe debajo de una muela. 

En este sentido, Casa Mingo es una empresa "low cost": una oferta básica y sin florituras para todos los públicos a un precio asequible.