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¿Una empresa sin clientes puede valer 8.000 millones de dólares?

La valoración de Twitter en más de 8.000 millones de dólares (casi 6.000 millones de euros) generó hoy estupor en la Red y puso de manifiesto el bum que viven las redes sociales, que hace temer la gestación de una nueva microburbuja tecnológica.

via www.lavozdegalicia.es

Twitter-logo11 Leo esta noticia sobre la valoración de Twitter y recuerdo instantáneamente una fiesta a la que me invitaron en Miami hace unos cuantos años, donde un grupo de neo-empresarios puntocom se pulían el dinero que acababan de recabar del capital riesgo para su start up.  Esa fiesta era una postal de la primera burbuja puntocom.

Y no sé si disparates como esta noticia anuncian una segunda burbuja.

A mí en la carrera me enseñaron que la valoración de una empresa se realiza proyectando y descontando su flujo de beneficios futuros.  También me enseñaron que el beneficio consiste en generar ingresos superiores a los costes.

Pues bien, algunos analistas argumentan que Twitter vale 8.000 millones de dólares cuando los 45 millones que ingresa anualmente ni siquiera llegan a cubrir sus costes.  Esto es, pierde dinero.  Y ni siquiera saben cuándo van a empezar a ganarlo.

Fundamentalmente porque su sonoro éxito de captación de usuarios (ya se acercan a los 200 millones) no va parejo con la generación de ingresos. 

Un usuario es un usuario.  Y sólo se convierte en un cliente si se deja la pasta.  Los que usamos Twitter lo hacemos porque es gratuito y dejaríamos de hacerlo si nos cobrasen.  Twitter es una empresa sin clientes (o casi).

En cuanto a los ingresos publicitarios, ya dudo que un interfaz donde lo que más se valora es la inmediatez y la no contaminación publicitaria, sobreviviese a la invasión de anuncios que necesitarían para oxigenar su tesorería.

¿Creéis en esto de los 8.000 millones?

Saludos a todos.

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Si queréis asistir de forma gratuita al Salón Mi Empresa…

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La II edición del Salón Mi Empresa tendrá lugar en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid los próximos 15 y 16 de Febrero.

Ya el año pasado tuve la oportunidad de asistir y me pareció una magnífica ocasión para aprender cosas interesantes sobre el mundo del emprendimiento y para hacer networking.  Los que trabajamos en PYMES o somos autónomos (en mi caso ambas cosas) tenemos pocas ocasiones como ésta para escuchar, aprender, y con suerte, aplicar exitosamente pequeñas mejoras prácticas que hagan la diferencia en nuestro trabajo.

Seguramente estarás pensando que tienes demasiado trabajo para asistir.

Y yo pensé exactamente lo mismo el año pasado, de hecho sólo pasé por allí un par de horas.  Es cierto que para asistir a un evento de estos hay que desprenderse un poco de las telarañas que nos atan cada día a la silla de la ofi, despegar y estar dispuestos a oxigenarnos un poco y a pensar "más a lo grande" por unas horas. Lamentablemente, la exigencia del día a día habitualmente nos hace pensar sólo en pequeño.

Piénsalo: no pierdes nada por cambiar tu rutina un sólo día.  Desconecta el móvil y pásate por el Salón aunque sólo sea para tomar un café y oír un par de ponencias.  Es más que probable que al final te compense, aunque sólo sea por ver a otros 10.000 tipos que, como tú, hacen malabares a diario para sacar sus negocios adelante.  En mi caso personal, asistir el año pasado me permitió realizar varios contactos que me han sido útiles más adelante en mi faceta de autor.

Este año tengo un motivo especial para sugerirte que acudas, y es que el martes 15 por la tarde participaré en una mesa redonda sobre el error empresarial

Si quieres asistir al salón gratuitamente, comenta este post dejando un email para que pueda enviarte tu código de inscripción.

Un saludo a todos.

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innovación

Marcilla cápsulas: ¿la vía del I+D funciona siempre?

Anoche, en medio de anuncios anodinos que no me cuentan nada que ya no sepa, me llamó poderosamente la atención un spot de cafés Marcilla en el que presentan sus nuevas cápsulas de café para utilizar con las tradicionales cafeteras de metal tipo italiano.

Marcilla

El mercado del café para consumo doméstico ha sufrido un proceso de dinamización considerable en los últimos años.  Primero fueron las máquinas Nespresso de cápsulas individuales, rápidamente desarrolladas gracias al músculo de distribución y comunicación de su fabricante Nestlé.  Pronto llegaron las imitaciones: hoy es posible adquirir una máquina de mini-cápsulas por sólo cincuenta euros. Como consecuencia, se estima que las cápsulas suponen ya más de un tercio de los 13.000 millones de euros que vale el mercado europeo del café.

Entre el despegue de este mercado y la innovación de Marcilla podemos asumir que está la caída de sus ventas de café para cafetera italiana.  Tanto la ingeniosa idea como el esfuerzo de I+D me parecen muy loables. La cafetera italiana mantiene ese aura de café más artesanal, con todo el sabor y aroma.  Tengo en la retina la imagen de mi madre preparando lentamente el café para toda la familia con una de esas cafeteras.  Además la ingeniosa configuración de las cápsulas ralentiza el proceso de filtrado dando como resultado un café todavía más aromático…

Me alegraría equivocarme, porque me encanta el producto, pero no le auguro mucho éxito.  Se trata de una estrategia de "follower" de libro: como mi core business está amenazado, voy a seguir la corriente predominante, voy a adoptar una estrategia lo más parecida a la del motor de la categoría.  A menudo lanzo en mis clases la pregunta de dónde está escrito que seguir la estrategia del líder es siempre el camino correcto.

Y menos cuando probablemente se trate de un líder de barro.  Podemos ver la explosión comercial de las cápsulas individuales como un triunfo del marketing, pero estamos también ante un fenómeno de consumo profundamente anacrónico y que en mi opinión experimentará un ciclo de vida efímero.  Por dos razones:

– las cápsulas son muy ineficientes desde el punto de vista medioambiental: en el mundo se generan unos mil millones de mini-cápsulas vacías como residuo anualmente (Nespresso ya ha detectado el problema e incorporado a su comunicación el argumento del reciclaje, de momento poco claro),

– las tendencias de consumo van en sentido opuesto: ahorrar en lugar de despilfarrar (mayor conciencia medioambiental, auge de las low cost, de las marcas de distribución, etc), desprendernos de lo superfluo y abrazar los productos más sencillos, más fáciles de identificar y de utilizar, que a menudo también son más baratos.  Obviamente estamos hablando de tendencias generales pero no nos equivoquemos: nuestro comportamiento como consumidores no va sólo de sentirnos bien con nosotros mismos, sino también de mostrar una imagen ante los demás.  ¿O alguno de vosotros consideraría socialmente aceptable manifestar ante los demás que no recicláis en casa?

Creo que la estrategia de Marcilla (y la de Nescafé) debería seguir siendo subrayar sus credenciales de sabor, aroma y calidad, en un café de preparado más lento.  Eso sí, quizás en un contexto más moderno y actual, más compatible con nuestra realidad.  Esto podría conseguirse con una estrategia de construcción de marca a largo plazo, fundamentada en el contenido y en la estrecha colaboración con los fabricantes de cafeteras italianas.  No en vano, las ventas de su mercado siguen siendo dos tercios de esos 13.000 millones.  Y aunque esas ventas se estén viendo amenazadas, no creo que ello justifique caminar en la misma dirección de Nespresso.

Por cierto, ya que el éxito de esta novedad depende fundamentalmente de su rápida viralización para conseguir cubrir los imponentes costes de desarrollo, comunicación y distribución que estarán teniendo, podrían haber dotado a la web de una mayor capacidad de viralización y haber permitido compartir el contenido en Youtube, Facebook, Twitter, etc.  Si la historia que estás contando es muy buena, no te pongas palos en las ruedas cercenando tú mismo su capacidad de difusión.

Esto del marketing consiste en trabajar con seres humanos, volubles e impredecibles (los consumidores) y por lo tanto se parece más a un arte que a una ciencia.  ¿Qué futuro dibujaríais vosotros para esta categoría?

Saludos.

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branding

¿Qué debo hacer para que no me abandones?

La pregunta del millón de euros: cómo conseguir taponar la sangría de clientes que inevitablemente me abandonan cada mes.  Alrededor de ellos, un montón de ofertas quizá más pertinentes, más atractivas y actuales.  Ya que las herramientas tradicionales de captación de nuevos clientes (con la publicidad al frente) son cada vez menos eficaces, parece oportuno hacer un esfuerzo por retener a los clientes más afines para no tener que vernos obligados a sustituirlos continuamente por clientes nuevos (este es el juego constante de las operadoras de telefonía).

El modelo más conocido para entender la evolución de la relación entre una marca y sus clientes es el embudo de fidelidad.  En él, se considera la fidelización como un proceso lineal: primero conoces una marca, luego te aproximas a ella, la pruebas y la incorporas a tu repertorio, así hasta que sólo confías en ella.  Y en ninguna otra. 

Lo que más me interesó el modelo del embudo cuando me lo contó un guiri en la central europea de Grey hace casi diez años, fue la idea de focalizar la inversión de la marca solamente en aquellas etapas y grupos de clientes donde va a ser más efectiva.  Así, si tenemos un atasco en "prueba" (e.d. todo el mundo nos conoce e incluso tenemos un elevado nivel de likeability pero no llegan a probarnos) deberemos investigar si tenemos un problema de distribución, si nuestra presencia en el lineal es peor que la de la competencia o la actividad promocional de esta última decanta la decisión en su favor en ese último minuto crucial de la compra.  Por el contrario, si muchos clientes ya nos han probado y consideran nuestra marca dentro de su repertorio (esas dos o tres marcas aceptables de whisky que estaríamos dispuestos a aceptar si nuestra marca favorita no está disponible), pero no la priorizan, quizá debamos invertir en fidelidad: gratificar su confianza para estimularles hacia la última etapa del embudo. 

Simple y claro.

EMBUDO SIMPLIFICADO 
Recientemente, un grupo de consultores de McKinsey han parido su propio esquema del proceso de fidelización. Lo han bautizado como "Consumer Decision Journey".

Lo que ya no sé es si ha sido en ánimo de simplificarnos la vida a los que trabajamos en esto del marketing o por el contrario (como es uso común en tantos autores de marketing) para hacerse autopromoción y vender libros.

Después de estudiar en 20.000 clientes en 3 continentes, el grupo de McKinsey desarolló el gráfico que veis más abajo, que ya no es un modelo lineal sino cíclico y que debéis comenzar a leer desde la izquierda:

1. Todo cliente, en el momento de tomar una decisión de compra, parte de un "set" o conjunto de marcas de las cuales tiene una consideración inicial.  Si no estás entre ellas, estás jxxxxx (según McKinsey, 3 veces más jxxxxx que si formas parte del set).

2. A continuación viene el proceso de evaluación activa que tiene lugar cuando vemos publicidad, cuando compramos, cuando hablamos con terceros, cuando pululamos por internet…

3. El momento de compra.

4. La evaluación post-compra que puede consolidar mi relación con la marca o, si ésta me decepciona, romperla para siempre.

5. Y aquí es donde viene la nueva aportación del modelo: el proceso no finaliza sino que recomienza tras la compra.  El cliente vuelve a reevaluar sus opciones en el contexto de la compra realizada y el set de marcas tomará muy probablemente una forma distinta.

Mckinsey 

Existirían así dos tipos de lealtades: la activa, cuando el cliente se convierte en un evangelista y la pasiva, cuando la experiencia de compra no ha sido totalmente satisfactoria y el cliente sigue abierto a los cantos de sirena de otras marcas.  El punto de venta obviamente cobra una importancia brutal durante el nuevo proceso de evaluación activa.  Al igual que las recomendaciones de terceros (según el estudio, dos tercios de los puntos de contacto de la marca con sus clientes en las sucesivas fases de evaluación proceden de esta fuente).

Personalmente, seguiré utilizando más el modelo antiguo del embudo.  Un esquema o gráfico como estos ha de servir para ayudarnos a simplificar y entender mejor las realidades del mercado.  ¿Pensáis que la aportación de McKinsey lo consigue o es "mucho ruido para pocas nueces"?

Saludos a todos.