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¿Escribes para Google o para tu gente? = la hipocresía del SEO

Este blog acaba de cumplir dos años.  Han sido dos años muy buenos en lo personal y profesional. Tras un año y medio de crecimiento sostenido, hace 5 ó 6 meses mi nivel de visitas se estancó. 

Pese a que mi comunidad en redes sociales como Twitter o Linked In, así como las suscripciones por RSS y por email siguen creciendo (mi Facebook lo reservo exclusivamente para relacionarme con amigos), el promedio de visitas no aumenta mucho.

Hace poco decidí apuntarme a un curso avanzado de SEO on line para ver si conseguía acelerar ese crecimiento. 

Las 3 cosas de las que depende el SEO

La principal conclusión que he sacado del curso es ¿por qué narices quiero acelerar artificialmente el crecimiento de mi blog?

El curso ha estado bien.  Me ha permitido construir sobre lo que ya sabía de SEO y contrastar con otras personas mi visión sobre mi presencia on line. Incluso si esto del SEO no te interesa un pimiento, si tienes un blog o una web para tu negocio seguro que sabes que con toda probabilidad un 50% o más de tu tráfico te llega directamente de Google. 

Amanuense Si tienes buen SEO, saldrás más arriba en los resultados de búsqueda y obtendrás más tráfico.  Si tienes mal SEO, saldrás más abajo y recibirás menos visitas procedentes de Google. Y tener buen SEO depende de “sólo” tres cosas:

  • Escribir mucho y bien: básicamente trabajar como un amanuense.
  • Currarte los enlaces externos: es decir, conseguir que directorios, foros y sobre todo blogs relacionados con tu campo introduzcan links que conduzcan a tu página.
  • Juguetear con el html de tu página, y sobre todo utilizar cuando escribes las palabras clave que se supone que van a teclear en los buscadores el público al que buscas.

Yo seguiré escribiendo mientras vosotros sigáis estando ahí

Con la primera recomendación estoy de acuerdo.  Conseguir hacerte con un grupo de seguidores es un trabajo intenso y depende tu capacidad para demostrar que sabes de un tema o tienes un enfoque interesante sobre el mismo.

El oligopolio de blogueros cool

Con la segunda empiezo a distanciarme.  Si para conseguir más visitas a mi blog debo dedicarme a leer a los 10 blogueros cool que probablemente tú también sigues y hacerles la pelota, paso. 

Como tengo mi empresa, y mis clases, y mis libros, y mi doctorado, y mis hijas que están al final de esta lista pero realmente son lo primero, sólo tengo tiempo para leer blogs sobre tres materias:  emprendimiento, marcas y consumidores y (esto ya es más personal) filosofía zen. 

Bla Y sigo algunos blogs interesantes.  No voy a citarlos.  Sus autores me conocen (personal o virtualmente) y saben que admiro su trabajo y que me aportan mucho.

Sin embargo, hay un grupo de blogueros cool a los que supuestamente debo seguir porque dicen que escriben sobre marketing cuando en realidad no saben absolutamente nada de marketing.  Se limitan a chutarse entre ellos amplias masas de seguidores a base de barajar el mismo contenido una y otra vez:   “10 pasos clave para captar suscriptores en tu blog”, “20 consejos para aumentar tus retuits”, “Cómo multiplicar por 10 tus seguidores en Twitter”,  la recomendación del vídeo de un histriónico Gary Vaynerchuck (que es mucho mejor vendiendo vinos que haciendo presentaciones), etc, etc, etc… 

Contenido que no requiere experiencia previa, ni know how de ningún tipo más allá de tirarse horas y horas leyendo otros blogs para copiar sus ideas.

Así que voy a conseguir pocos links externos.  Lástima.

La hipocresía de las palabras clave

Bajo el prisma del SEO, debes estudiar a tu competencia (otros blogs o webs) para ver cuáles son las palabras clave que les generan mayor tráfico.  Y copiarlas.  O sea, básicamente debes escribir, no sobre lo que te gusta o sobre aquello para lo que estás dotado, sino sobre aquello que te va a resultar más productivo en Google.

Llevados por esta espiral, llegaría un punto en que todos escribiríamos sobre “Social media marketing” o “Los 10 virales del año” porque… ¡nuestra competencia así lo hace y obtiene mucho tráfico como resultado!

Así que también paso de las palabras clave.

Mis conclusiones

  1. Probablemente sea horrendo para mi SEO pero en el futuro (mientras sigáis estando ahí), seguiré escribiendo sobre lo que a mí me dé la gana o lo que vosotros me pidáis (y si me lo pedís asumo que es porque algo os aporto en ese campo). 
  2. Lo que no voy a hacer nunca es escribir sobre un tema porque mi palabra clave del mes sea “Branding 2.0”.
  3. No me interesa Google, me interesáis los que me seguís, que habéis llegado aquí por vuestros propios medios.  Si no viene más gente, asumo que será porque de momento el contenido no da para que venga más gente. 
  4. No necesito forzarlo.  No necesito acelerar artificialmente el crecimiento de mis visitas.

Y de todas formas sí seguirá llegando más y más gente.  Porque me queda todo por hacer.

Hoy sí que me he dejado llevar.  Saludos.

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Mi segundo libro está listo: ¿o no?

Icono Me he pegado una buena paliza estos días de (supuestas) vacaciones pero creo que ya he terminado.

"Creo" porque, aunque estoy empezando en esto de escribir, la otra vez y esta (es mi segundo libro) tengo la sensación de que no está listo.  De que si lo reviso por enésima vez podré eliminar cosas insustanciales, meter otro ejemplo práctico o resolver alguna inconsistencia.

El perfeccionismo es una enfermedad preocupante que va unido a la exigencia que tenemos sobre nosotros mismos y los demás.  Cuando tienes unas expectativas exageradas sobre los demás y sobre ti mismo actúas como esos monos que cazan en la India de modo incruento.  De la siguiente manera:  les ponen una jaula con un plátano dentro, el mono se aproxima y deslizando la mano entre los barrotes, coge el plátano, pero no puede sacarlo de la jaula porque no cabe entre los barrotes.  Como el mono no quiere soltar el plátano por nada del mundo, los cazadores se acercan y le pillan fácilmente.  Esta historia la he leído en varios libros y da que pensar.  (Al menos a mí 😉

Debe ser verdad que venimos del mono. 

Porque hacemos exactamente eso mismo en nuestras vidas diarias.  La autoexigencia es un plátano que no queremos soltar, simplemente porque llevamos escrito a fuego desde pequeños en la cabeza lo que se supone que debemos ser.  Debemos trabajar más, llegar más lejos, tener la relación perfecta, alcanzar el mayor éxito económico, la admiración de los demás. 

Cuando la realidad es que la perfección no existe.  Y el equilibrio (tu equilibrio) no consiste en correr más para llegar más lejos.  Puedes correr, pero no llegarás a ningún lado, estarás corriendo en un círculo interminable y sin salida.

Tu equilibrio consiste realmente en correr menos, desear menos, frustrarte menos, comerte menos la cabeza.

Pese a que no me aplico mucho el cuento (soy un trabajador que vive en el centro de Madrid, no un monje del Nepal), creo que lo que sí voy a hacer es darle a guardar al documento y asunto arreglado.

Va a ser un enero movidito, con mucha formación, alguna conferencia en ciernes, y un puñado de proyectos prometedores en Pop Up.

Os deseo que os acerquéis lo más posible a la mejor versión de vosotros mismos en 2.011.

Saludos irreverentes.

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Mis mejores deseos, en la esperanza de que la Navidad se acabe pronto.

Personalmente opino que desear feliz Navidad es una horterada.  Parece que es sólo podemos ser felices en estos días de vorágine consumista.  A mí me ocurre lo contrario: francamente todo va demasiado deprisa, hay demasiado ruido y distracciones, nos gastamos demasiado dinero en tonterías y pensamos más en el acto mecánico de comprar que en ofrecer un valor real a los que nos rodean.  Aquí un interesante artículo que leí hace poco sobre cómo hacerse regalos de Navidad desde una conciencia un poco más ecológica y equilibrada. 

Xmas_sucks_tremedously_sticker-p217042050761385516qjcl_400 Sin embargo, la Navidad es una oportunidad como otra cualquiera para distanciarnos de la monotonía unos días y ser un poco más conscientes de lo que hacemos.  De qué es verdaderamente importante y qué no lo es.

Estoy leyendo un libro interesante: Reinventarse, del Dr Mario Alonso Puig.  Un médico que utiliza sus conocimientos en neuromedicina no para dormir a sus lectores sino para extraer consejos prácticos sobre cómo somos y lo que podemos llegar a ser.  En uno de los capítulos finales habla del"ser" que es lo que nos puede conducir al "hacer" y al "tener".  No al revés.

Como estoy de acuerdo con él, no te voy a dedicar éxito profesional en el 2011 sino simplemente, que tengas la ocasión de desarrollar todo tu potencial.  Porque seguro que si haces eso, tendrás éxito.  Al revés: no te obsesiones con el éxito, sé fiel a tus principios y llegará. 

En los próximos días entregaré el manuscrito de mi segundo libro y cambiaré el enfoque de este blog.  Hace tiempo que eso de "reflexiones irreverentes" me parece una pedantería, así que he decidido moverme y tirar de uno de los hilos de discusión más populares en el blog durante este año: los contenidos de marca.  Por ahí irán los tiros en el futuro.  En breve os contaré más sobre ello.

Saludos irreverentes, confiando en que la Navidad acabe pronto…

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QUEMA TUS CORBATAS CUANTO ANTES

Viajo a Gijón por un evento de la empresa que estamos presentando a potenciales partners privados.

En el tren, por mucho que intento ignorarlo, me desconcentra el runrún de un ejecutivo sentado a unos metros de mí, que habla sin parar por su teléfono móvil.  Pronto me entero de que trabaja para una gran empresa de distribución alimenticia y que se dirige a León a controlar una reciente apertura.  En las tres horas que coincidimos en el tren le entran, sin exagerar en absoluto, unas diez llamadas y hace otras cuantas.  Muchas veces para pedir la misma información o dar las mismas instrucciones a varias personas que, aparentemente, trabajan juntas.

Vuelvo la cabeza para comprobar si la imagen mental que me estoy haciendo de él coincide con su aspecto real.  Traje gris, corbata con el nudo bien gordo, crispada arruga en el entrecejo.

La corbata es una prenda absurda y te invito a que quemes las que tengas en el armario porque:

– No sirve para abrigar ni para aportar comodidad a tu atuendo.

– No aporta funcionalidad alguna, simplemente es un pendón que cuelga de tu cuello.

– Ni siquiera contribuye a acentuar tu propia imagen personal, (no quiero sonar consumista, pero para eso sirve la moda, ¿no?) sino que te convierte en un clon de los demás ejecutivos del tren.

La corbata es un anacronismo del siglo XVII cuando la democracia no había llegado al vestir y el atuendo era por encima de todo, un signo de distinción de la aristocracia.  La corbata era lo que la toga al letrado o el birrete al obispo. Se empleaba como un mero adorno para tapar los botones de la camisa.

Outfits Han pasado varios siglos y la corbata ha pasado de ser un signo de distinción, a un signo identificador de tu casta laboral.  Como un uniforme Mao en la china socialista.  O el mono azul, lo que los ingleses llaman "blue collar".

Como signo identificador de la casta laboral "ejecutivos", la corbata es además una metáfora que te recuerda, a ti y a quienes te ven con ella:

– Que probablemente trabajes con horarios rígidos e interminables.  Sabes a la hora que tienes que entrar y probablemente incluso fichas, pero no sabes a la hora que sales porque salir tarde es una virtud a ensalzar, en lugar de (lo que debería ser), una solemne estupidez a evitar.

– Que debes trabajar equis horas, no hasta conseguir equis objetivos.

– Que probablemente sufras de estrés.

– Que todas las mañanas debes trasladarte junto con el resto de encorbatados a trabajar bajo el mismo techo de tus jefes para que estos ejerzan control sobre ti, incluso si en el fondo podrías trabajar perfectamente desde casa.

– Como consecuencia de lo anterior, si trabajas en una gran ciudad es más que probable que pierdas una o dos horas diarias en traslados.  E.d., estás sacrificando irremediablemente horas de tu vida personal, que no recuperarás y que además nadie te remunera.

– Que sufres el politiqueo inevitable en organizaciones de tipo burocrático.

– Que sufres la ineficacia inevitable en organizaciones de tipo burocrático.

Circunstancias todas ellas que en principio ninguno querríamos ver asociadas con nuestro trabajo, y que sin embargo, todos reconocemos en mayor o menor medida.  En mi caso define al 100% mi situación en varias multinacionales por las que he pasado.

Dedicamos al trabajo fácilmente un 60/70% de nuestra vida consciente.  Son demasiadas horas como para renunciar a un mínimo estado de armonía (¿felicidad??) durante ese tiempo.  Es más, considero imposible alcanzar un mínimo estado de armonía personal, en general, si no la tienes en tu trabajo. En un post reciente comentaba que en el siglo XXI ya no es necesario sentirse apegado a una línea de producción de sol a sol.  Ya no vendemos nuestras horas/persona a un capitalista.  En la mayor parte de nuestros casos, desarrollamos nuestras ideas, aplicamos nuestra creatividad para resolver problemas y nuestra habilidad interpersonal para gestionar situaciones.   Si eres bueno haciendo estas cosas con una corbata al cuello, probablemente lo serías mucho más sin ella.  Y no me refiero a la prenda en sí, sino a lo que la prenda implica.

Sin embargo no quemamos las corbatas por temor.  Por miedo al vértigo del qué vendrá después.  Y por el apego a las cosas que tenemos, que acaba siendo más fuerte que el aprecio por las cosas que sentimos.

En este trailer de la película "El club de la lucha", Edward Norton se hace esta reflexión que a veces muestro a mis alumnos de Marketing: 

El resto de la reflexión te la dejo para ti, quizá estés contento con tus corbatas…

Saludos irreverentes.

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Presentar bien es una ciencia, no un arte: Steve Jobs en 1984 y 2010.

Ayer estuve dando una clase de Presentaciones Eficaces a alumnos de último curso de Publicidad en la Escuela Superior de Publicidad.  Es un grupo muy bueno, al que conozco desde hace tiempo, y tengo la sensación de que aprendo de ellos al menos tanto como ellos de mí.

Ayer les mostré esta presentación (Steve Jobs con pelo desvelando el nuevo Macintosh en 1984):

 

Y luego esta otra que corresponde a la presentación del iPad 25 años después.  Steve Jobs ya sin pelo presenta su nuevo tablet:

Como habréis visto (si es que habéis aguantado hasta el final – realmente no hace falta para entender mi argumento), el primer vídeo finaliza con el mensaje "la magia de Steve Jobs". 

La magia es una completa mentira, la magia no existe.  Pero sí existe:

– El trabajo duro de planificación: a menudo pensamos que un ponente se juega las cartas en el rato fatídico en el que toma la palabra.  Esto es así, pero solo a medias.  Ese momento, si haces bien las cosas, debe suponer apenas la punta del iceberg (menos de un 20% de tu trabajo): donde tienes que remangarte y sudar es en la planificación previa, que es el 80% restante.  Debes de currarte rigurosamente los antecedentes de tu presentación (cuál es tu objetivo principal, qué quieres "cambiar" en ellos durante tu charla, quién es tu audiencia, qué expectativas tiene, dónde y cuándo tendrá lugar…), pero también la documentación y la estructura de lo que vas a decir.  Debes ensayar y obtener feedback de terceros.  O al menos grabarte en vídeo.

– La experiencia: entre ambas presentaciones media un cuarto de siglo durante el cual Jobs ha presentado otros productos tan singulares y aclamados como el iMac, iPod, iTunes o Iphone (ambos en sus distintas versiones).  Eso equivale a callo: mucho callo.  Y se nota.  Su segunda presentación es relajada, haciendo un mejor uso de los tiempos y las pausas y más cercana a la audiencia.

– La gestión eficaz de la presentación en curso: existen trucos y habilidades que te permitirán cumplir tus objetivos como orador, como profesor, como conferenciante o como presentador de un proyecto a un grupo de inversores.  Trucos como:

  • empezar haciendo reír a la audiencia,
  • engancharla desde el plano emocional buscando a un "malo de la película" (en este caso IBM),
  • ofrecerles una solución a sus problemas (en este caso el Macintosh y el Ipad),
  • utilizar adecuadamente ayudas (el propio iPad físico, mostrar producto, contenido audiovisual…), recuerda que lo que se experimenta se recuerda más que lo que se lee u oye,
  • interactuar con la audiencia con un tono y un lenguaje corporal activo pero relajado (apropiado al target) para transmitir honestidad, cercanía y al final, credibilidad.  Si puedes, no te refugies detrás de un atril,
  • empatizar con la audiencia: saber leer sus reacciones para acelerar, ralentizar, obtener feedback o incluso, por qué no ¡finalizar antes de lo previsto!

Es la misma persona, sólo que más mayor.  Y sin embargo son dos puestas en escena completamente diferentes.  Lo cual demuestra que no es necesario nacer con la retórica de un Cicerón para hablar en público.  Es posible aprender a base de trabajo, experiencia y pequeños habilidades.

Saludos irreverentes.

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La fortuna de meterme en un atasco

Anoche volvía de una reunión en la agencia de comunicación de unos amigos.  Tenso y estresado como me he pasado casi toda la semana, me acerqué a la Gran Vía a comprar unos libros para un curso de presentaciones eficaces que estoy preparando.  Salí pitando, inquieto por el tiempo que siempre pierdes al pasar por el centro, y me subí de nuevo a la moto, para meterme en un atasco imprevisto que me tuvo totalmente parado durante casi un cuarto de hora. Gran via

Explico la imagen: por la izquierda subían en dirección a Callao un montonazo de bicis y patinadores (calculo que pasaban de dos mil).

Resultó ser una quedada de bici-crítica una comunidad de amantes de la bici. 

Como estaba totalmente atorado y no podía ir para atrás ni para adelante, me paré a observar la escena. 

A un lado, una larga hilera de encorbatados cabreados, metidos en sus coches.  Cuando se dieron cuenta del embolado empezaron a pitar.  Hasta que vieron que no servía de nada y empezaron a mirar desde dentro de sus peceras.

Al otro lado, un grupo de ciclistas sonrientes disfrutando de un paseo por donde jamás les es posible circular.

Después de unos minutos decidí dejar de preocuparme, subí la moto a una acera y me metí en un garito a desestresarme tomando una caña mientras el atasco amainaba (sólo una eh).

Hace unos años tomé la decisión de colgar la corbata para tomar las riendas de mi futuro profesional.  Y eso sólo me sirvió para trabajar muchas más horas y tener menos vida.  Tomar las riendas de tu vida profesional interesa bien poco si por el camino pierdes las de tu vida personal.

Hace unos meses tomé otra decisión aún más drástica: trabajar un 20% menos.  Con el fin de equilibrar mi vida personal y profesional y obligarme a ser más eficaz con mi tiempo dedicado al trabajo.  Si sabes que a tal hora lo dejas, por la cuenta que te trae, dejarás de perder el tiempo con tonterías (mails y llamadas irrelevantes, reuniones coñazo, curioseo errático por Internet…).

A veces tiendo a olvidar esto.  Esta semana por ejemplo lo había olvidado, por culpa de la presión del día a día.

Si trasladas la ley del rendimiento decreciente a la realidad de tu trabajo diario, verás que a trabajar más de ocho/nueve horas diarias es un disparate como la copa de un pino porque:

– tu productividad marginal (e.d. el trabajo extra que logres sacar) en esas horas adicionales es mínima,

– si no descansas te vuelves más irritable y menos sociable y últimamente leo que las habilidades sociales/emocionales explican el éxito profesional en el 80% de los casos, ¿os lo creéis?

– dejas de hacer en esas horas de ocio otras cosas que te serían mucho más productivas: networking, leer, ver cine, pasear (una actividad tan aparentemente irrelevante como pasear a menudo me sirve como combustible para poner a parir a una marca en este blog o elaborar un case study para mis clases),

– por último, y aún a riesgo de sonar un poco oso amoroso, ¿no pensáis que el exceso de trabajo es la excusa más estúpida del mundo para dejar de ver a la gente que queremos?

¿Estamos acaso invirtiendo el 60 o el 70% de nuestro tiempo despiertos en un trabajo que nos asfixia y nos aleja de los nuestros?  ¿Por qué no vamos a poder cortar por lo sano este exceso?  ¿Por qué no voy a poder decidir lo que hago con mi tiempo? ¿Por qué, incluso si trabajo por cuenta ajena, no voy a poder acercarme a aquellas empresas –las hay-, que procuran respetar la vida personal de sus empleados?

Me alegro de que un atasco me haya recordado que prefiero sonreír montado en una bicicleta a sufrir atornillado al volante del coche en un atasco a horas intempestivas de la noche.

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¿Qué haces tú para superar la pereza de la vuelta al cole?

Pereza Esto de la depresión post-vacacional de la que se habla cada mes de Septiembre me parece una exageración parida por Telediarios faltos de noticias. 

En mi caso, tengo la suerte que desde que me dedico a hacer lo que me gusta (me produzca más o menos…) ya no me deprimo sea 1 de Enero, 2 Febrero o San Fermín.

No me deprimo pero sí me atenazo porque se dan de leches a) el volumen de trabajo atrasado y proyectos urgentes y b) la falta de inercia del motor, lastrado por el sol, la sidra y los recuerdos de los amigos a los que hacía tiempo que no veía.

¿Qué hacéis vosotros para superar la tentación de pulular por Internet en lugar de ponerse a currar?

Os cuento lo que intento hacer yo:

Recuperar la rutina: intento empezar y dejar de trabajar a la misma hora cada día.  Así lo que queda en medio (el trabajo), no se ve desplazado por lo demás. Sólo he dicho intento eh.  Soy español, no alemán. 

– Ya sentado en mi escritorio, cada mañana me hago un listado de lo que tengo que hacer, ordenado por prioridades.  Un listado pequeño: si te pones 200 tareas será imposible que las priorices y por lo tanto todas se volverán urgentes, e.d. tu listado no valdrá para nada.  A medida que voy completando las cosas, las voy tachando.  Es de perogrullo, pero me hace sentir más aliviado.

Empiezo por las tareas que más me gustan (y que sean productivas, obviamente: e.d., no vale "ponerme a leer en la terraza"), lo que sé que no me va a costar hacer.

– Dentro de cada tarea, y eso es especialmente importante en las que menos te gustan o te cuestan más, intento hacerlo de principio a fin, e.d. no parar para meterme en otras cosas.  Todos tenemos una curva de rendimiento cuya pendiente se modera cuando hacemos multitasking.  Cuanta más atención dediques a una sóla cosa, más probable es que la termines antes.

Si necesitas algo de un tercero, no saltes sobre él/ella inmediatamente.  Si es alguien con quien tratas a diario, anótate lo que quieres tratar y sigue trabajando (si la duda no te lo impide).  Quizá encuentres que debes hablar nuevos temas con esta persona y los incorpores a tu lista.  Así la interrumpirás (y te autointerrumpirás menos).  Reduce drásticamente el número de llamadas telefónicas y la duración de cada una.

– Las llamadas telefónicas y las reuniones también tienen su curva de rendimiento: mejor una sola reunión de planificación de 1 hora (después de los 5 inevitables minutos de cháchara sobre Mourinho, la economía, el Mundial de basket o cómo ha aumentado la barriga del jefe durante las vacaciones) que 4 reuniones de 20 minutos para apagar fuegos que ya están ardiendo. 

Apago el teléfono móvil (si puedo).

Cierro el Outlook después de chequearlo a primera hora.

Duplico la dosis de cafeína y de caramelos de menta: esta última frikada es por un mítico profesor de Ciencias que tuve en el colegio y que justo antes de enfrentarse a nosotros se zampaba un caramelo de eucalipto.  En fin, son vicios legales y que me ayudan a mantenerme alerta.

Hago deporte: y esto sí que no es una milonga.  El ejercicio físico libera endorfinas que lejos de agotarte, disminuyen tu ansiedad y te hacen rendir mejor en el resto de actividades.  No trabajes ni un minuto más de lo necesario estos primeros días: sal a la calle y respira. 

¿Qué haces tú?

Saludos irreverentes.

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Si quieres crecer en tu trabajo, sé generoso.

Many people struggle at work because they want more authority.

It turns out you can get a lot done if you just take more responsbility instead. It's often offered, rarely taken.

(And you can get even more done if you give away credit, relentlessly).

via sethgodin.typepad.com

No puedo estar más de acuerdo con este comentario de mi experto en Branding favorito: Seth Godin.

Opino que el asunto se resume en la palabra generosidad.

Observo que buena parte de la nueva generación que se incorpora al mundo del trabajo pide (condiciones salariales, cargo, autoridad como dice Godin) antes de dar (demostrar autonomía, know-how, proactividad, responsabilidad como dice Godin).

Hormiga 

Si bien también me ha sucedido que una empresa no apostase del todo por mí a pesar de darle mi 120%, sigo pensando que dar ese 120 es una mejor estrategia que adoptar una mentalidad funcionarial y esperar que enero te suban el sueldo y te pongan un despacho y un sillón de cuero.

Si eres proactivo, serás más autónomo (te dejarán hacer más). Y probablemente aprenderás más, más deprisa, y te convertirás en un profesional más cualificado. Con lo cual la recompensa llegará: en ese trabajo o en el siguiente.

Saludos irreverentes.

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La profesión no más antigua pero sí más difícil.

Neuromarketing

Aunque jamás lo confesará en público, mi padre siempre quiso que yo estudiase Ingeniería Industrial en la escuela por delante de la cual pasé hace unos días en Gijón.

No me extraña: apuesto a que en cualquier encuesta, un ingeniero industrial saldría bastante bien parado en términos de prestigio social. Un título de ingeniería se supone que es el culmen de la ciencia al servicio de la producción. La carrera que da acceso al complejo mundo de la manufactura a gran escala.

Pero después de suspender matemáticas varias veces en el colegio a pesar de lo empollón que era, decidí que las Ciencias superaban mi nivel de incompetencia y que encontraría bastante más placer estudiando CC. de la Información.

Al final, no estudié Ingeniería ni tampoco Periodismo. Por azar terminé en esto del marketing.

Y la verdad, después de unos añitos de carrera opino que en términos de complejidad la de Marketing es la silla más incómoda sobre la que puede sentarse un directivo en una empresa.

La producción se estructura alrededor de variables técnicas, que pueden ser planificadas y previstas. Las leyes de la física, la química y la estadística permiten calcular hasta el grado de error que obligará a desechar el 0,05% de los yogures por errores de llenado…  El control de calidad, perfeccionado primero por los científicos americanos y más tarde por los japoneses, ha dejado de ser un sistema reactivo de detección del error hasta convertirse en un sistema total de prevención orientado a minimizar los desechos y equivocaciones.

Planificable, predecible… y (para mí) aburrido.

El marketing por contra trabaja con el fin de generar preferencia en la mente de los consumidores.

Espantosa palabra. Sustituyámosla por “personas”: seres imperfectos, imprevisibles, vulnerables, variables…

Pues bien, si el éxito del marketing equivale a conquistar la mente de la personas, y las personas somos seres imprevisibles, es que el marketing también lo es.

Imprevisible y (subrayo nuevamente, para mí) apasionante porque:

– Nunca se deja de aprender porque las personas siempre van por delante de las marcas que gestionamos.

– Es imposible ejercer un control absoluto sobre las personas. El tiempo se ha encargado de demostrarlo y esta nueva Internet más transparente y democráctica nos lo recuerda cada día.

– Es imposible eliminar el riesgo en las decisiones de Marketing. Como mucho podemos reducirlo a base de reunir información de primera y tamizarla con nuestra expriencia.

– No siempre gana el más grande, el más alto, el más fuerte, sino el más diferente y relevante. E.d. conforme a lo que la profesión entendía durante el pasado siglo, si tu producto es una escoria, invertir diez millones de euros en publicidad no va a hacer que ningún cliente se enamore de él.

En fin, el que no se consuela con su profesión es porque no quiere.

Saludos irreverentes.

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OFRECER ALGO QUE NADIE TIENE: SACADO DE «CAIDA Y AUGE DE REGINALD PERRIN»

Ante la insistencia de mi amigo Roberto que por lo visto quiere cargarse mi blog, hoy escribo sobre este extracto de la serie "caída y auge de Reginald Perrin" que si tenéis entre 35 y 50 posiblemente recordaréis. 

Se trataba de una serie de humor agúdamente británico donde su protagonista fingía su suicidio para escapar de su anodina vida de commuter y empezar una existencia nueva llena de excentricidades.  Una de las cuales era montar el negocio perfecto: un negocio sin competencia

Perrin monta una tienda de basura cuyo objeto, como podéis ver en el vídeo es complacer a la gente sin gusto o bien permitirte hacer un regalo a la gente que odias. 

Ofrecer algo que no tiene nadie sigue siendo un valor en alza.  Incluso si lo que ofreces es una basura, como en la tienda de R Perrin.

Cada año me sucede con alguno de mis alumnos de publicidad, que en sus presentaciones justifican las ideas más disparatadas en aras de conseguir "diferenciación".  Un palabra grandilocuente que encierra una gran mentira

Si quieres que tu marca sea diferente, puedes rodar un spot de tu producto sostenido por una chica de buen ver en bolas, y airearlo a toda pastilla en los medios.  Conseguirás que se hable de ti, sin duda, además de que caiga sobre ti el peso de Autocontrol, las asociaciones feministas, y la ministra de Igualdad. 

Pero dudo que consigas RELEVANCIA: e.d. que tu marca destaque sobre las demás que forman tu contexto competitivo hasta el punto de elevarte en la escala de preferencia de tu target.

Me dejo para otro día mi listado de fabricantes basura favoritos. 

Saludos irreverentes.