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Marketing = CREAR y no vender. Del vendedor de crecepelo al Estratega.

El vendedor de crecepelo

Tengo un problema serio con la deformación del término Marketing, asociado por los no especialistas (habitualmente gente de las redes sociales) con una de estas dos cosas:

  • La publicidad:  Marketing se identifica con todo aquello que implica comunicar aquello que la marca pretende comercializar.  Se trata de que el target conozca que el producto exista.  Por tanto, Marketing es vociferar a diestro y siniestro lo que el consumidor se pierde si no compra nuestro magnífico producto.
  • La promoción:   Marketing equivale a incentivar de algún modo el deseo de compra, fomentarlo con distintas acciones no comunicacionales (descuentos, mayor cantidad de producto, premios directos, sorteos, programas de puntos, etc).  En definitiva, bajo esta óptica Marketing es todo aquello que nos sirve para vender el producto que aguarda pacientemente en el lineal a que el consumidor lo agarre.

¿Qué queréis que os diga? A mí esta visión del Marketing me recuerda más al trabajo de los vendedores de crecepelo que habréis visto en las pelis del oeste.  Vender coercitivamente lo que el consumidor probablemente no necesita. 

Vendedor

¿Qué es Marketing cuando tu producto se ha convertido en un commodity?

Hablar de Marketing sin haber leído a Kotler es como trabajar de médico sin haber visto a un paciente en la vida.  Y en su libro Los 10 pecados capitales del Marketing, Kotler apunta que Marketing no es vender.  No puedo estar más de acuerdo.  Veamos por qué.

Como hemos apuntado otras veces en este blog, tenemos la desgracia (o la fortuna, porque es más divertido) de vivir una época donde el trabajo de Marketing no puede ser más complicado. Nunca lo había sido tanto.  Porque nunca la demanda había estado tan contraída ni la oferta había sido tan copiosa.

Apuesto a que los que trabajáis (desde anunciante o agencia) para empresas de seguros, cerveceras, empresas textiles o de automoción, preferiríais no tener que llevar el Marketing de un producto commodity (como lo han sido tradicionalmente las materias primas, los alimentos más básicos, la gasolina…).  ¿Podéis imaginaros el quebradero de cabeza para conseguir diferenciarte de tu competencia en esos sectores?

Ahora observa la pinta que tienen los lineales en los hiper: con más de 30.000 referencias, el 85% de las cuales están profundamente indiferenciadas.

Oferta
Pues sí: las cosas han cambiado.  Fabriques lo que fabriques, probablemente ya hay algo más parecido en el mercado o si no (los ciclos de vida cada vez son más cortos) llegará pronto.

La economía se está comoditizando (una idea que también he compartido con vosotros en otras ocasiones).  Como apunta Porter, ser el mejor es imposible, ya que jamás podremos conquistar una posición de forma permanente, jamás podremos argumentar de forma arrogante en nuestros anuncios que somos los mejores.  Como solíamos hacer…

¿Qué nos queda? Aspirar a ser diferentes

Ser diferentes en este contexto…  Casi nada.  

Quien determina si somos diferentes  o no es el consumidor. Él/ella decide si aportamos un valor más allá de la competencia que justifica preferirnos, conducir más lejos (¿estáis pensando en ese supermercado con “siempre precios bajos”?) o incluso pagar un sobreprecio por nuestro producto (¿estáis pensando en esa marca de la manzana?).

La diferenciación no es una opción, es un mandatorio.  El consumidor NECESITA marcas que simplifiquen sus decisiones de compra frente a un maremágnum de oferta como el que acabamos de ver: es lo que a veces llamo “el dilema del paquete de macarrones”.

Marketing ES crear

Es evidente que no podemos crear/innovar de espaldas al consumidor: tenemos, no ya que preguntarle (quizá tú también estudiaste investigación de mercados hace años en la Universidad), sino involucrarle en el proceso productivo.  En este sentido me interesa mucho, no tanto la metodología (en mi opinión poco clara) sino los principios de Lean StartUp:  dejar que el consumidor te acompañe en el proceso productivo, indicándote a cada paso lo que has hecho mal (para rectificar) y bien (para potenciarlo).

Marketing no es promoción

Por su propia naturaleza táctica (no podemos subvencionar permanentemente la compra de un producto, e.d. no podemos tenerlo en promoción permanente o nos cargaremos al mismo tiempo su rentabilidad y su valor percibido), la promoción no puede ser tampoco el fundamento de la diferenciación de un producto.

Voy a decir una obviedad, pero que a veces olvidamos.  La promoción se inicia para atraer a los no-clientes hacia la marca, o aumentar el índice de recompra de los ya clientes.  Pero sólo tiene sentido si, al finalizar, hemos atraído a un número marginal de compradores que permanecen en la marca haciéndola más grande y rentable "fuera de promoción".

A largo plazo, el Marketing en ningún caso puede identificarse con la promoción.   La salud de una marca depende de sustentar el valor que ofrecemos en atributos que no tienen nada que ver con ofrecer un descuento o un regalo.

Despedida y cierre

Como en una ocasión escuché decir a Javier Rovira en la presentación de su libro Consumering, confundimos la estrategia con las herramientas que utilizams para ejecutarla.  Las promociones son las ramas.  Y la publicidad también.  Las ramas que a menudo no nos dejan ver el bosque: ese mercado infestado de oferta que requiere marcas nítidas, con beneficios claros, sinceros y contundentes.   Ese es el tipo de marca que queremos construir.

Y su construcción no arranca en la publicidad ni en la promoción.  Sino bastantes pasos más atrás: en la relación estrecha y constante con el consumidor.

Saludos a todos.

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3 arquetipos de empresa: El Ministerio vs. La eterna Start Up vs. Empresa 2.0. ¿Cuál es la tuya?

Releyendo "El pequeño libro de las grandes decisiones", de M. Krogerus y R. Tschappeler, un interesantísimo pocket book de poco más de 100 páginas lleno de esquemas, diagramas y consejos prácticos que me compré hace unos meses en un viaje, me encuentro con el "Modelo de la Energía".

En qué consiste el Modelo

Como nos explica el libro, tanto en las personas como en los países y en las organizaciones, habitualmente nos encontramos con comportamientos de 3 tipos:

  • Apego al pasado: consiste en actuar según la experiencia sin desviarse ni un centímetro de esta aunque las circunstancias hayan cambiado. En definitiva, conservar para sobrevivir, dentro de una tolerancia mínima al riesgo.
  • Apego al presente: se centra la atención y los recursos en acometer los retos que van surgiendo, sin encorsetarnos por la experiencia pasada ni dejar que nuestras decisiones estén influenciadas por el temor al futuro.
  • Apego al futuro: consiste en intentar anticipar lo que va a suceder con la idea de minimizar los efectos perniciosos que el cambio puede llegar a tener sobre nosotros.

En el libro incluso de aplica este modelo a distintas zonas geográficas:  Europa sería la región más volcada al pasado (a su historia, su conocimiento y su experiencia), Estados Unidos al futuro (la tierra de "las oportunidades", si nos lo queremos creer) y Oriente estaría relacionada con el presente (el pragmatismo, la consciencia presente, conceptos muy zen todos ellos…).

Estaréis pensando ¡menudo descubrimiento..!  

Lo cierto es que, haciendo notas como estoy de cara a un futuro libro, observo que dentro de este frenesí de emprendimiento que parece rodearnos (la crisis lleva a cada vez más profesionales a plantearse crear una empresa como vía de autoempleo), hay un arquetipo que domina abrumadoramente sobre los demás: lo llamaré  la "eterna start up".

La eterna Start up

En este tipo de empresas el foco está en el futuro.  El mercado parece ser un campo donde germinan prometedoras oportunidades de negocio todos los días.  Parecería que el reto está en detectar una de ellas y lanzar un proyecto orientado a capitalizarla… antes de que lo haga la competencia.


Start up

Cada día leo enTwitter decenas de comentarios y artículos de gurús del emprendimiento, foros y plataformas que parecen bendecir este enfoque.  Que es el que siguen la mayor parte de los proyectos de nuevo cuño que me he encontrado en los concursos para emprendedores a los que he asistido recientemente.  Y el que plantean los ex alumnos y curiosos en general que me escriben para preguntarme sobre sus respectivos proyectos empresariales.

Estos empresarios en ciernes nunca hacen alusión al pasado y muy poco al presente (la amplia mayoría son proyectos de base tecnológica cuyo atractivo se fundamenta en optimistas desarrollos exponenciales del negocio a futuro).

El acento, por lo tanto, se pone en el análisis de lo que el futuro puede deparar; intentando inferir hacia dónde puede ir el comportamiento del consumidor.  Algo que es simplemente imposible: como cada vez más expertos apuntan, la investigación de mercados puede aportar claves a la planificación empresarial, pero nunca sustituir la experiencia que obtendremos interactuando con los clientes en el día a día (en el presente).

Hay escasas referencias al equipo, al know how de los fundadores, a los logros ya alcanzados, ausencia de pruebas palpables de la rentabilidad de los proyectos.

Os digo lo que pienso al respecto: este tipo de empresas "de Power Point" no me interesan.  Como suelo repetir en cursos y charlas, tener una idea "brillante" o detectar una oportunidad de negocio emergente es algo que no tiene ningún valor.  Lo que agrega valor a esa idea es nuestra capacidad para ejecutarla de un modo excelente.  Es esa capacidad la que debemos demostrar para llevar una empresa a buen puerto.

No se trata de lanzar antes que la competencia.  Se trata de lanzar mejor que la competencia.  Idealista.com no fue el primer portal inmobiliario, pero es el mejor.  Google no fue el primer motor de búsqueda, pero aún hoy es el mejor.  IPod no fue el primer reproductor de música en formato MP3 pero (pese a sus detractores) la mayor parte de la población probablemente estaría de acuerdo en que durante mucho tiempo fue el mejor. 

Lanzar mejor que la competencia a menudo consiste en conocer las necesidades reales y palpables del consumidor mejor y saber priorizar el tiempo y los recursos económicos (siempre escasos) mejor.

El Ministerio

Existe un segundo arquetipo en contraste extremo con el modelo anterior.  Si os parece le llamaremos "Ministerio".  Son esas empresas en las que muchos de nosotros nos hemos formado.  Están lideradas por ejecutivos de largo recorrido, profesionales de la gestión cortados por el mismo patrón, la misma Universidad o Escuela de Negocios y que como consecuencia de todo ello, utilizan las mismas estrategias y las mismas herramientas.

De la aversión al riesgo que generalmente muestra este tipo de empresas, a menudo se deriva la obsersión por el reporting, que llega a convertirse en un fin en sí mismo.  La elaboración de informes, ratios y KPI´s sirve para hacer funambulismo con los datos del pasado, como si ello nos permitiese convertirnos en gestores infalibles.  Sin embargo la realidad de esta manera de trabajar es bien distinta.  Podemos manosear sin parar toda la información que queramos sobre lo sucedido ayer sin que ello contribuya a darnos pistas las decisiones que debemos tomar hoy.   

EL MINISTERIO

Si antes hablábamos de empresas de Power Point, ¿os parecería hablar en este caso de la "esclavitud del Excel"?

La empresa 2.0

Y finalmente observo que un tercer modelo va ganando adeptos.  En él, el presente constituye la prioridad número 1 de la empresa.  En este caso el pasado apenas es un banco de pruebas de donde extraer aprendizajes rápidos y el futuro tiene una importancia limitada (el cambio no es un reto o un obstáculo que aparezca ante nosotros de modo puntual y aislado;  muy al contrario es el hábitat natural en el que trabajamos).

Por tanto gestionar el presente, en el fondo, equivale a gestionar el cambio.  Porque el cambio constante está implícito en todo lo que nos rodea.


Empresa 2.0

Este es uno de los principios básicos de Lean Start-Up, un conocido libro de referencia en el ámbito empresarial, que se ha convertido en toda una corriente de pensamiento, basada en la apuesta por el lanzamiento "rápido" de productos en fase Beta que nos permitan, mediante el diálogo constante con los clientes, realizar rápidas y continuas mejoras en los mismos.

¿En qué punto está tu empresa?

Os confieso que he empezado a entender la importancia de estas cosas después de enterrar mi primera empresa, que como la mayoría sabéis llegó a contar con 3 centros productivos y más de 20 empleados, dándome cuenta que obrar por el "manual de instrucciones clásico" centrado en herramientas centenarias como el Business Plan, el plan de Marketing clásico o la contabilidad de costes equivale frecuentemente a ponerle corsés a tu empresa.  Es como enseñar a saltar obstáculos a un caballo joven sin antes sacarle de su cubil. Porque no le damos espacio para que vaya aprendiendo.

Supongo que nuestras empresas son, de un modo u otro, una amalgama de estos tres modelos.  Y supongo que lo correcto es:

  1. utilizar la información del pasado para monitorizar la evolución de nuestros resultados en el presente (no para explicar el futuro o anticiparlo),
  2. y volcar toda nuestra atención en un presente donde (repito) nuestro hábitat natural es el cambio permanente. 

El camino de A a B nunca es una línea recta

El concepto de éxito empresarial que la mayoría tenemos en mente se parece a un recorrido lineal, donde transitamos desde el punto "A" (la fundación de la empresa) por una senda rectilínea (con un target, business plan, objetivos y estrategias fijos e irrenunciables) que concluye en un punto "B" (el éxito).

En un contexto de permanente tsunami socioeconómico y tecnológico la realidad es bien distinta, por dos razones:

  • el camino de una empresa sostenible nunca toma la forma de una línea recta, sino que está plagado de numerosos vaivenes y cambios de dirección (cada uno de esos cambios es una parte de esa mejora continua que los japoneses llaman "kaizen"), 
  • y porque, en realidad, jamás llegamos al punto "B".  La empresa nunca alcanza el éxito para sentarse a descansar.  

Saludos a todos.